Justo Suárez Prado, el Alcalde del Municipalismo

“Mi familia era socialista; a uno de mis abuelos le conmutaron la pena cuando ya había sido ejecutado; en casa se escuchaba La Pirenaica”

Publicado el 19/12/2015
El tapin  Justo Suárez Prado,  el Alcalde del MunicipalismoJusto Ignacio Suárez Prado.

Justo Ignacio Suárez Prado fue alcalde en dos legislaturas consecutivas, desde mayo de 1983 –recién cumplidos los 34 años- hasta junio de 1991. Fue como independiente  encabezando la lista del Partido Socialista y con el compromiso de permanecer como máximo ocho años en el Ayuntamiento. A pesar de que en las elecciones previstas para 1991 todo parecía indicar que el PSOE renovaría por mayoría la Alcaldía, como así sucedió, y dicho partido insistía en contar con él e incluso vecindario y prensa no se explicaban que no quisiera seguir, consideró cumplido el compromiso. Tras entregar a su sucesor Areces los “papeles municipales”, junto a su mujer y otro matrimonio amigo pasaron unos días en “Playa Bávaro” y al regreso, “convertido en otra persona”, retornó a la vida profesional privada. En su época como Alcalde, le tocó vivir el resurgir del Municipalismo en la actual era democrática.

 Tantos años al margen de la vida municipal activa, le hacían preguntarse el porqué y el para qué de mi interés en una entrevista en estos momentos; “hombre, no te voy a decir que no; si insistes charlamos un rato”, me dijo al explicarle el proyecto. Cuando en los años 80, recorrí con él por mera casualidad, la “caleya” recién asfaltada que conducía a las viviendas de mi zona, pues él hacía –en solitario y sin previo aviso- una visita para conocer qué y cómo se había hecho la obra, fue la única vez que hablé con él hasta el presente. Él, por supuesto, no recordaba este detalle, ni mucho menos la obra complementaria –una cuneta de cemento- que los vecinos queríamos para evitar que el curso del agua deshiciera el riego asfáltico, obra realizada unas semanas después de su visita con la aportación del material por parte del Ayuntamiento y la mano de obra de los vecinos de lo que hoy día se conoce como “Camín de la Cruciada”. “Entonces, no teníamos dinero”, me argumenta.

 Con la espontaneidad de quien tiene las ideas claras, la tranquilidad de quien sabe que su disco duro conserva lo importante, con el rigor del matemático  para sintetizar,  acudió  puntualmente a la cita en una sidrería de su predilección, en Posada, el pasado 28 de octubre. Supo de mi cuestionario al momento de hacerle las preguntas, ya sentados frente a frente. De charla vehemente, animada, salpicada de anécdotas, mirada viva y directa, desde el primer momento tuve claro que mis temores a que “el rato de charla que me había concedido” fuera demasiado corto para mis intereses, eran infundados. Tres refrescos y un café, dudo que compensen al hostelero de la ocupación de una mesa durante las cinco horas abundantes que duró la charla.

 Las fotos hechas en al sidrería donde nos vimos, las descarté por falta de calidad; quedamos para otro día realizarlas en el exterior; a lo largo de la charla recordó momentos significativos en la alcaldía de los  que había visto fotos, que quedó en mandármelas, como así hizo, y localizar las que no tenía en su poder. Nunca se preocupó mucho por las relacionadas con sus funciones como Alcalde, aunque, “quizá en casa se conserven algunas”. Imita a la perfección el tono de voz de Juan Pablo II diciéndole “es un Vd. un alcalde muy joven” durante el saludo en La Morgal en 1989 y el paso por el mismo aeródromo en 1990 del entonces príncipe Felipe camino de San Esteban de Cuñaba para entregar el primer premio de “Pueblo Ejemplar”. Toca agradecer aquí al corresponsal en Llanera de La Nueva España por facilitarnos la foto de la primera boda civil celebrada en un Ayuntamiento tras la reforma legislativa de 1985.

 

Justo, un guaje  hiperactivo e inconformista en Coruño

Justo Ignacio Suárez Prado, recientemente jubilado, vive en Posada; casado y con tres hijos, nació en Las Casas del Trigo de Coruño en 1949, fue alumno de Marí Crabiffosse y Celestino González Tresguerres, en las antiguas escuelas del Ave María de aquélla localidad, cuando ya eran “Nacionales”.

Una personalidad vital, curiosa, peleona e hiperactiva como la suya, aficionada a las Ciencias, habilidoso en las manualidades, aunque disfrutando a fondo de cada cosa que hacía,  no encontraba un acomodo fácil ni satisfacción vital en aquélla escuela donde se aburría,  ni en la serrería-carpintería-ebanistería del Caxeru, donde su padre disfrutaba trabajando la madera, ni desentrañando el funcionamiento de ERKA, aquélla moderna máquina de tricotar con la que su madre canalizaba “su gran sentido comercial”.

Paco la Chica, aún un amigo fiel hoy día,  era uno de sus colegas de correrías por el barrio, de jugar al fútbol en el Campo del Coruño, (en cuyos muros de perdurar hoy día, sería posible encontrar los restos de alguna botella de jerezquina inicialmente destinada a Tresguerres y que consecuencia de las travesuras de la época, terminó rota contra las piedras) e incluso de algún castigo, fruto más de la hiperactividad e inconformismo que de la maldad, en la capital.

Con 10 años llegó al Instituto Masculino de Oviedo, para hacer primero de Bachiller, pasando después al Colegio Hispania en el que estaría hasta su paso a la Universidad y donde su temperamento requería atención especial hasta del Director, incapaz éste de evitar el aburrimiento de Justo en las clases, en las que, entreteniéndose enredando con monedas para pasar el tiempo, llegó hasta tragarse un duro de aquél entonces.

 

El periplo vital

Sus notas académicas salpicadas de matrículas de honor, le permitieron disfrutar de becas con las que cursar estudios y su capacidad de liderazgo le aupó a ejercer como delegado de curso en el Preuniversitario. Superada la selectividad en la Facultad de Ciencias de Oviedo, terminó Matemáticas en la Universidad de Zaragoza en 1973 y con 23 años ya era profesor de Cálculo y Álgebra en la Escuela de Ingenieros de Minas ovetense, donde parecía un “profe raru”, integrado en un Claustro de Ingenieros bastante más adultos y con algunos alumnos mayores que él mismo. Hizo oposiciones a Instituto en Sevilla y tras aprobarlas, ejerció dos años en el Femenino de Avilés, pasando después al Alfonso II, el masculino de Oviedo.

 En aquél entonces era más lector que ahora. Recuerda contento la primera vez que leyó el Quijote y lo aficionado que era a los temas relacionados con las Matemáticas; entonces como ahora,  las novelas ganadoras del “Nadal”, el “Planeta”, y las Biografías eran y son lecturas las lecturas preferidas ; aunque ya no frecuenta las salas de cine, recuerda vagamente que “Charly” la película cuyo protagonista tenía algunos “problemas mentales” y su evolución, le impresionó. Confiesa no tener “ídolos” musicales, cinematográficos, o de cualquier otra clase.

 Los campamentos de las milicias universitarias los hizo en Zaragoza y Madrid, siendo  experto en hacer la tercera imaginaria, quizá por “desencuentros políticos con el Alférez”. Durante las prácticas como Sargento, en el Ferral, difícilmente conseguía llegar puntualmente con su compañía  a las duchas, y, un malentendido en la cocina de suboficiales contribuyó a una semana de arresto , aunque nunca tuvo problemas para conseguir el permiso del Capitán y poder salir a realizar exámenes a sus alumnos de Minas. Allí en el Ferral vivió la muerte de Franco sin mayor transcendencia.

 La delegación de curso del preu ya indicada, fue la única actividad representativa que desempeñó y que en parte canalizó su vida universitaria. En aquéllos años por el Instituto y la Universidad, su preocupación básica era conseguir notas elevadas para mantener la beca-salario y poder proseguir así sus estudios. Aunque tenía algún compañero en Zaragoza que esporádicamente arengaba a los demás, la política no era para él un asunto importante en aquél entonces; el sentimiento socialista se palpaba en casa, con familiares directos que conocieron campos de concentración, la guerra en los dos bandos e incluso una condena a la pena máxima, conmutada demasiado tarde, cuando ya se había ejecutado; en aquélla casa donde se escuchaba diariamente “La Pirenaica” se interiorizó la trágica historia familiar y se inculcaba a los vástagos un sentido vecinal ni excluyente ni vengativo. “El Dictador” no marcó especialmente su infancia y su militancia antifranquista la califica de “intelectual”, al igual que su participación en las asambleas universitarias en Zaragoza, era consustancial a la vida universitaria y sin mayor transcendencia.

 

No ve la Constitución –fruto en aquél entonces de una necesaria continuidad- como algo monolítico y tampoco que deba cambiarse todos los días, pero hoy la cree necesaria de algunos retoques. Escéptico con la llegada de la Monarquía, un tanto anacrónica hoy día, tienes sus dudas de que la figura de Juan Carlos fuese tan esencial para la vida política del país como algunos dicen, aunque cree que contribuyó a que se implantase el sistema constitucional, por lo que para los tiempos vividos, no fue una mala solución. Ve a Felipe VI mucho mejor que a su predecesor. Le sorprendió el nombramiento de Adolfo Suárez como presidente, reconoce que junto a Carrillo, supieron hilar muy fino en la legalización del Partido Comunista, cataloga al Felipe González de los años ochenta, a quien no conoce personalmente, como “un encantador de serpientes y excelente comunicador”, y se siente más cercano a Alfonso Guerra, a quien sí conoció en persona, y considera un “fenómeno en los mítines”. Aún tiene bien fijo el impacto causado al ver por televisión desde su casa de Posada los tanques de Miláns por la Avenida Auxias March de Valencia durante “el tejerazo”, calle que conoce al detalle por sus viajes a las Ferias del Mueble, cuando el comercio familiar lo requería.

 Tuvo la oportunidad de visitar Cuba en 1992, ya fuera de la Alcaldía, acompañado de Santos González de la Universidad de Oviedo, y otros tres amigos, y en los contactos con colegas de la Universidad de La Habana y gente de la calle, aunque no le encuentra justificación posible, sí atisbó a entender el porqué de la resistencia al cambio de aquélla dictadura y  el perdurar de Fidel en el cargo sin entregarse a los EEUU.

 

 Desembarco en la Alcaldía

Cuando “Tamón” el de Ables le contactó para incorporarle en las listas socialistas municipales, pues respondía al perfil de “joven, preparado y no problemático para la Agrupación local que buscaban”, se sorprendió  y pidió un tiempo para reflexionar, analizar la situación y consultar algunas cuestiones antes de responderle, pues como no afiliado del PSOE que era, desconocía por un lado la agrupación local del partido y por otro, quería saber qué retos tendría que afrontar  en el Ayuntamiento. Sus amigos Paco la Chica y Javier Valdés, fueron confidentes de las tribulaciones del momento y le ayudaron en la decisión final.

 Fue determinante para esta decisión, sus conclusiones del análisis de las Normas Subsidiarias,  del Plan Urbanístico que se preveía, la pretensión de algunos personajes locales de impulsar un nuevo polígono industrial en la zona de Lugo con 400.000 m2 de terrenos comprados como rurales que eran, cuando SILVOTA aún era prácticamente un erial y ASIPO no estaba consolidado.

 Analizada con rigor la situación general, consultados incluso registros públicos y con la conformidad del PSOE local, aceptó el ofrecimiento de encabezar la lista del PSOE con dos únicas condiciones: no se afiliaría al partido en ningún caso mientras tuviera responsabilidades en el Ayuntamiento, figuraría siempre como Independiente y estaría, como máximo, dos mandatos.

 Tras este acuerdo con el PSOE, se auto-exigió documentarse un mínimo en urbanismo, derecho administrativo, y conocer a fondo la Ley de Bases de Régimen Local con el fin de ser capaz de afrontar los desafíos en el Ayuntamiento con un mínimo de solvencia. Durante los ocho años en el Ayuntamiento, la compenetración entre Partido y Alcalde fue total y  satisfactoria; informaba a la militancia directamente; un diálogo fluido favorecía la necesaria confrontación de ideas, pero su condición de no militante llevaba pareja  la carencia de voto en el seno de la Agrupación.

 Afinar el programa para su primer mandato fue fruto una reunión de unas quince personas durante más de 24 horas ininterrumpidas en el Fondín de Brañes; allí volvieron tras las elecciones a celebrar con una fabada el éxito, tal como habían convenido; el segundo, con la experiencia, unida a más medios y conocimientos, requirió menos esfuerzo.

 Cree que los mítines suponen movilización, y aunque él nunca hizo proselitismo político, sí participó activamente en los municipales a cargo del Partido, tanto en su organización como desarrollo; toda la candidatura participaba en la confección de los programas electorales.

  Así fue como Justo llegó a la alcaldía de Llanera, con  mayoría absoluta del PSOE en 1983, con José Luis Suárez de la Agrupación Independiente y Juan Carlos Hevia por el PP, en la oposición. Justo revalidaría mandato, también con mayoría absoluta, en 1987. Curiosamente, no recuerda si juró o prometió el cargo de Alcalde, aunque sabiéndose institucionalmente respetuoso, da por cierto que la Constitución estaba presente en aquél ceremonial.

 

El Alcalde

A fin de poder desempeñar la Alcaldía de manera satisfactoria, en el primer mandato de 1983-1987, desempeñó sus tareas docentes en el Instituto en el horario nocturno y renunciando a tutorías. Para el segundo período de 1987-1991, ya tenía claro que no le era posible compatibilizar las dos funciones, por lo que pidió al excedencia docente para dedicarse en exclusividad a su tarea como  Alcalde y el Consistorio estableció un sueldo para éste equivalente al que disfrutaba un funcionario de carrera similar en el Ayuntamiento. En los libros de acuerdos del Pleno de entonces, figuran 130.000 pesetas al mes, unos 781 euros de hoy.

 En su época, el Alcalde era mucho más gestor que político, no cree en la erótica del poder, y disfrutó de tener como asesor leal, riguroso, extremadamente cuidadoso, al entonces secretario municipal Enrique Rodríguez, funcionario éste que ya le saludó el primer día con una máxima que cumplió rigurosamente en todo momento: “no eres de los míos, pero yo soy leal a mi Alcalde”. “Fue mi mayor apoyo en la maquinaria administrativa municipal”, rememora Justo, que también recuerda otra máxima del mismo funcionario: “todo se puede hacer bien; dime qué quieres y yo te asesoré en los pasos legales para llevarlo a cabo”. Explicar  a los funcionarios municipales en una reunión los primeros días del mandato, que a ellos competía que el hacer del Consistorio llegara resolutivo a los vecinos, fue muy bien recibido por aquéllos, un acierto político y se tradujo  en una administración municipal un tanto más ágil, a lo que también contribuyó la estandarización aplicada a las funciones administrativas municipales.

 Ve la alcaldía como una atalaya incomparable para conocer a fondo tanto la vida municipal como el Municipio, una fuente inagotable de conocimientos, desde la que con el presupuesto, priorizando actuaciones, se pone de manifiesto la sensibilidad social y política de los gestores municipales. Para él, al primer edil debe  requerírsele una honestidad incuestionable, tener la transparencia como lema, la capacidad intelectual adecuada y la idea clara de servicio al pueblo, trabajando para todos los vecinos; ser riguroso y consecuente en el decir y hacer, mantenerse  ajeno a todo lo que pueda parecer un chanchullo y tratar directamente con los implicados lo temas, lo considera básico.

 El peaje político inherente al cargo, entendido como la dedicación requerida por reuniones sin objetivos claros o fines prácticos, procuró que no le distrajera mucho tiempo y, si tuviera que medirlo,  le adjudicaría un  5% de sus energías.

 Con el programa como guión, la agenda diaria no era fija y tenía el despacho abierto permanentemente a quien quisiera verle; se muestra especialmente satisfecho de las reuniones vecinales, que cada año y medio aproximadamente  organizaba el PSOE fuera de época electoral, para informar de lo que se hacía desde el Ayuntamiento y donde como Alcalde recibía información de primera mano de los vecinos. Nunca le llegó consigna alguna de partido, tiene amigos en el PSOE tanto en Oviedo como en Llanera, nunca acudió a Rodiezmo o cónclaves políticos similares,  y sí participó en actividades formativas del PSOE relacionadas con Urbanismo o regulaciones administrativas. Hoy día, afiliado desde hace años al Partido,  participa como  interventor en las mesas electorales por el PSOE.

 

El nuevo Municipalismo y sus consecuentes mejoras

La Normativa que permitía un nuevo municipalismo, traducido básicamente en una administración más cercana al ciudadano,  surgió con fuerza durante su mandato y con ella, de la prácticamente nula capacidad municipal para realizar cosas se pasó a cierta disponibilidad presupuestaria (en Llanera de unos 579.000 € en 1983 se llegó a unos 4 millones, también de euros en 1991, cree recordar), que permitió a los Ayuntamientos afrontar obras y mejoras significativas en todos los órdenes.

 Coincidió su mandato con la época de Pedro de Silva en la Presidencia del Principado, al que considera un presidente con buena gestión política, con el que mantuvo excelente feeling personal, al igual que con el Consejero de Administración Territorial, Faustino González Alcalde, con quien también encontró sintonía. Opina que a la gente “le llega lo que ve hecho”, y reconoce por ello que no le agradaban especialmente las inauguraciones; recuerda con especial sentimiento el pincheo que los vecinos de Mazurén organizaron para celebrar todos ellos el asfaltado del  camino al pueblo, y al que insistieron hasta el extremo en contar con su presencia. Pedro de Silva vino a inaugurar el Centro de Salud de Posada, la Casa de Cultura en 1988 y videos en las redes sociales los muestran juntos  -Presidente y Alcalde- en la fiesta popular con la que se inauguró el parque Ovidio Libardón en Lugo de Llanera en 1990 , por ejemplo.

 Plantearse los Centros Médicos de Posada y Lugo, el Polideportivo Municipal, el establecimiento de aulas para Párvulos en Posada, la Casa de Cultura de Posada, la Coral Polifónica de Llanera; que La Morgal que pertenecía al Ministerio del Aire se contemplase como una gran zona deportiva para Asturias, evitar el desguace de su Hangar por un chatarrero de Salamanca, el establecimiento del 112 en la zona,  el surgir de Mercasturias, el resurgir SILVOTA del letargo, -donde el impulso de Pedro Piñera fue decisivo-; consolidar ASIPO donde el empuje de Secundino Roces, recientemente fallecido fue determinante, el Parque Tecnológico, inaugurado oficialmente en junio de 1991, o el parque público de Lugo de Llanera, son el resultado de gestiones municipales durante su mandato y fruto de la colaboración entre las diferentes administraciones implicadas. El haber gestionado directamente con la SEPI, con base en informes de Raúl Bocanegra y sin recurrir a trámites judiciales, que los terrenos expropiados para la ampliación de SILVOTA que alcanzaban hasta el cruce de la Carretera a Lugo, revirtieran  a los antiguos propietarios una vez transcurridos los 10 años sujetos por el derecho de reversión sin utilizarlos para usos industriales, figura en su haber. Los primeros pasos para la construcción del Centro Penitenciario en Villabona, que se inauguraría en 1993, también se dieron durante su mandato. 

 Ideas no materializadas en su época serían la construcción del ansiado Instituto en Posada, que no fue posible al no haber culminado los acuerdos con los diferentes propietarios de los terrenos y la pretendida factoría cultural promovida por Juan Cueto en la antigua fábrica de Guisasola que tampoco llegó a buen puerto.

 Un descubrimiento para quien esto escribe es escucharle que, en 1987, el Ayuntamiento vio positiva la idea aportada por alguien –no es capaz de precisar nombre- sobre los Exconsuraos o Perxuraos, y por ello apoyó y contribuyó a que se participara en el desfile del Día de América en Oviedo con el clásico saco, ceniza e incluso ovejas, pues pensaban que dicho episodio histórico, desconocido para la mayoría era algo genuinamente llanerense. El intento no  pasó a mayores en aquél entonces, aunque la fiesta, está hoy día felizmente asentada gracias a la idea de Lorenzo Ramos y al impulso del Ayuntamiento. En parte, la Coral Polifónica, que allá por 1988, también perseguía el mismo objetivo aglutinador y representativo de Llanera, es hoy día realidad plenamente consolidada y en este caso sin interrupciones.

 Anecdóticamente, fue requerido por la prensa provincial y nacional, con motivo del hecho histórico que suponía la primera boda celebrada en un Ayuntamiento, pues en 1985, hubo cambio de la normativa que regulaba los enlaces civiles, permitiendo a los contrayentes elegir entre el Juez de Paz y el Alcalde, cuando no hubiera Registro Civil en el Municipio. Victoria Prego y  Julio César Iglesias, entre otros, dieron cabida en sus programas radiofónicos nacionales a la primicia surgida en Llanera el 28 de diciembre de 1985, día por lo demás, de los Santos Inocentes.

 

 El desenganche

Habiendo vivido sus funciones como Alcalde con la intensidad consustancial a su manera de ser, “una época prodigiosa” dice, se considera discapacitado para desempeñarla hoy día, ya que su capacidad actual está alejada de la que tuvo y objetivamente pueden tener más otros. Y, agrega, me apliqué y aplico la máxima de mi padre  de que “no hay como lo poco siendo bastante”.  Su criterio era y es que ocho años es un tiempo razonable para cumplir un objetivo y “quemarse”, en el sentido de volcarse quizá hasta el agotamiento, en el servicio de los ciudadanos-vecinos.

 Sus amigos de siempre siguen ahí aún hoy día; la negación del saludo de algunos conocidos, algún intento de agresión, e incluso amenaza anónima de muerte allá por 1985 cuando se dilucidaban las Normas Subsidiarias del Concejo, nunca le hicieron virar la dirección en su cometido. Homenajeado al final del mandato, a pesar de sus reticencias, no ve desde la distancia un momento especialmente duro, emotivo o feliz especialmente reseñable. Sí reconoce que hubo bastantes y de todo tipo y que el sentirse responsable de cualquier cosa que pasaba en el Ayuntamiento, “quemaba” lo suyo. El cariño que le transmitían las personas mayores, le reconfortaba así como la gran suerte personal que tuvo con los concejales que le acompañaban, con los que se formó un gran equipo, carente de enfrentamientos, dimisiones u otras problemáticas parecidas.

 Tras aquéllas vacaciones vividas en el Caribe buscando la  desconexión del estrés municipal, se enfrascó en la actividad privada como Gerente de una empresa de ámbito familiar y proyección nacional hasta que en el pasado junio le llegó la jubilación.

 Nunca fue partidario de dar consejos, solo opiniones si se las piden; consecuente con ello, su libertad individual no le permite sentencias ni alardes especulativos sobre el pasado o futuro local.

 Él, que participó personalmente en las asambleas de CADASA, Cajastur y fue miembro del Consejo Ejecutivo de COGERSA, sociedades prestadoras de importantes servicios a nivel supramunicipal, vería razonable una reducción de municipios en aras de una economía administrativa, así como la centralización de algunos asuntos, los urbanísticos por ejemplo,  para con mejor planificación general favorecer un crecimiento más ordenado. No cree totalmente positivo el predominio del componente político sobre el de gestor, hoy día observable en la Política Municipal en general. Le apena no ver, a todos los niveles y desde hace años, auténticos líderes políticos.