La incidencia de la gripe desciende por tercera semana consecutiva

Publicado el 19/02/2015

La tasa de incidencia de la gripe en Asturias se situó en 184 casos por cada 100.000 habitantes en la séptima semana de 2015, después de haber alcanzando el pico de la onda epidémica en la cuarta semana y enlazar tres consecutivas de descenso. La difusión sigue siendo epidémica y la intensidad, media. Se prevé que esta situación continúe hasta que vuelva a niveles basales en unas cinco o seis semanas.

 

La afectación ha disminuido en todos los grupos de edad, aunque algo menos en el grupo de personas de entre 15 y  64 años.

 

La proporción de casos con alguna complicación en el momento de la consulta y las derivaciones al hospital desde atención primaria se mantienen en niveles bajos. Entre los casos notificados, los factores de riesgo más frecuentes siguen siendo el asma y la enfermedad cardiovascular crónica, seguidas de situaciones de inmunodeficiencia y enfermedades metabólicas como la diabetes.

 

En el conjunto del país, la incidencia disminuye en todo el territorio, con excepción de Baleares, Cataluña y Navarra, en las que la evolución es todavía creciente y la onda gripal continúa en fase de ascenso. La tasa global de incidencia desciende a 234,13 casos por 100.000 habitantes, tras alcanzar el pico de máxima incidencia gripal de la temporada en la semana 05/2015. También en el conjunto del país se observa un descenso de la incidencia de gripe en todos los grupos de edad que solo es significativo en los grupos de 5-14 y 15-64 años.

 

La gripe es una enfermedad infecciosa generalmente benigna que puede suponer la aparición de fiebre, dolores musculares, malestar general, tos, dolor de cabeza, congestión nasal, estornudos o dolor de garganta. El tratamiento más adecuado consiste en aliviar los síntomas mediante analgésicos y antitérmicos.

 

En la mayor parte de los casos, la gripe se cura sola con las medidas habituales: beber abundantes líquidos y utilizar los antitérmicos y analgésicos como el paracetamol, según las recomendaciones de los profesionales sanitarios, hasta recuperarse. La vacunación anual a las personas mayores y vulnerables evita las complicaciones de la enfermedad y previene la mortalidad.