Javier Fernández: "queremos aprovechar el enorme potencial de nuestra área metropolitana para sustituir relaciones intermunicipales "

Las grandes aglomeraciones urbanas son un polo de atracción de población joven y cualificada, donde se facilita el desarrollo de la iniciativa empresarial

Publicado el 16/03/2016

 

 

Esta mañana el Consejo de Gobierno ha decidido sacar a información pública el documento de avance de las Directrices de Ordenación del Área Central de Asturias. Si ahora celebramos este acto, que sobresale del molde de los anuncios habituales de los acuerdos del Consejo de Gobierno, es porque le concedemos una relevancia especial.

La pregunta consecuente es ¿a qué viene esa importancia?, ¿por qué le otorgamos este subrayado?. Puedo argüir que el intenso trabajo de la consejería de Infraestructuras merece el elogio, así como la sólida aportación de los profesores de Regiolab. También puedo añadir que avanzamos en el cumplimiento de uno de los puntos del acuerdo de investidura con Izquierda Unida, prueba de la seriedad con la que abordamos ese compromiso. Pero, sobre todo, organizamos este acto porque tenemos en nuestras manos una de las piedras angulares para edificar el futuro de Asturias: en buena medida, el Principado será lo que decidamos hacer con su área central.

El Gobierno, y esto es importante, no cumple con una obligación legal al redactar estas directrices del área central. No responde a un mandato, sino que ejerce la iniciativa política. Quien huye del riesgo siempre elige no hacer nada, que es una opción mucho más reposada. Para este gobierno, sin embargo, esa alternativa sería irresponsable. Dejar pasar el tiempo equivaldría a un despilfarro.

También es importante aclarar que cuando hablamos del centro de Asturias, de la zona central, del área metropolitana o como la queramos definir, no anunciamos una nueva realidad, un bosquejo de algo por construir, sino algo que ya existe. No hay que dibujar ni poner cotas en un mapa, sino sacarle el mejor partido a una geografía real. Por eso aquí la herramienta, la llave maestra, se llama cooperación. Olvídense si quieren del nombre largo y administrativo del documento que sale a información pública y quédense con el objetivo: queremos aprovechar el enorme potencial de  nuestra área metropolitana para sustituir relaciones intermunicipales que hoy son de rivalidad por otras de cooperación.

El área central ya está definida, radiografiada y diagnosticada desde hace tiempo. La síntesis la conocen y nos la recordaba el video que se acaba de proyectar: en un círculo imaginario con centro en Oviedo y un radio aproximado de 30 kilómetros, coexisten las principales ciudades de Asturias, y su influencia se extiende a un conglomerado de 29 municipios que suman el 85% de la población.

Es una evidencia para cualquier asturiano, pero, paradójicamente, una evidencia tan notable como ignorada, porque buena parte de las decisiones que se adoptan suelen estar pensadas exclusivamente a escala local, sin considerar la realidad metropolitana. No culpo a los ayuntamientos, si esto ocurre es porque hay una carencia general. Eso explica que hoy, en 2016, aún se pueda sostener lo siguiente:

“Este espacio metropolitano, cada vez más real, carece totalmente de reflejo institucional, sin que exista hasta el momento regulación supralocal alguna sobre la ocupación del espacio y la ordenación del territorio en el centro de la región. Por tanto, el área central crece sin regulación, lo que genera un uso desordenado del espacio, mayor dispersión urbana e importantes disfuncionalidades”.

Fin de la cita. Los profesores Fernando Rubiera Morollón, Santiago Martínez Argüelles y Alberto Gude Redondo se habrán dado cuenta de que acabo de fusilar uno de los párrafos de su reciente estudio.

Con este documento queremos superar esta fase, darle a nuestro espacio metropolitano el empuje necesario para que Asturias encare y supere  nuevos desafíos. Impulsar la configuración de ese área es una obligación del gobierno, liderar su desarrollo y consolidación un ejercicio que va mucho más allá de lo mediático y de la exhibición de  fuerza escénica, porque el área central, ella sola, es toda una estrategia de desarrollo, en la que la cooperación con Ayuntamientos y Administración central se antoja indispensable.

Tenemos importantes razones para empeñarnos en este propósito. Les invito a leer cualquier informe serio sobre nuestra evolución económica. Repararán que en todos ellos prima la demografía. Poco a poco vamos consiguiendo que se tome en cuenta esta cuestión, clave para entender nuestra distribución de rentas, el peso de las políticas sociales, la recaudación tributaria o el problema de la población activa, por citar sólo cuatro muestras. Pues bien, las grandes aglomeraciones urbanas son un polo de atracción de población joven y cualificada, donde se facilita el desarrollo de la iniciativa empresarial se localizan los servicios avanzados y se impulsa la capacidad creativa. Renunciar a ese potencial sería un desperdicio y un error inexcusable.

No hablamos, además, de ensayos excepcionales ni pruebas a ciegas. Hay experiencias metropolitanas en todo el mundo, también en España. En Asturias contamos además con el buen funcionamiento de los consorcios existentes, acreditados por décadas de logros: Cadasa, Cogersa y, más recientes, los de Servicios Tecnológico y los de Transportes. El Gobierno de Asturias, insisto, propone transitar un camino practicable y con rumbo conocido. No esconde intenciones ocultas ni hurtar atribuciones a nadie, sino sacar el máximo partido posible a uno de los grandes activos del Principado.

Fíjense en los siete ejes en los que se despliega el documento que sale a información pública y díganme si no resulta coherente abordarlos. No se inquieten, que no se los voy a resumir todos. Me quedaré con cuestiones que resultan de una evidencia clamorosa.

Una es la relacionada con los transportes y la movilidad. Asturias, y en especial la zona central, cuenta con una dotación de infraestructuras ferroviarias infrautilizada. Lo que se está haciendo con los servicios de Renfe y FEVE –ahora Renfe RAM- en nuestra comunidad es malbaratar un patrimonio envidiable. Por eso cuando las directrices abogan por mejorar las cercanías en sus anchos ibérico y métrico, optimizando inversiones y convirtiéndolo en un modo principal de desplazamiento están planteando una demanda de justicia y de sentido común. La desidia  está provocando que se malgaste un tiempo precioso para aprovechar la red de ferrocarriles. La universalización del billete único, el fomento de los transportes públicos colectivos, la planificación de nuevas infraestructuras y la promoción de itinerarios para peatones y ciclistas forman parte del mismo propósito.

También tenemos que pensar en el uso y el aprovechamiento de los equipamientos metropolitanos. Hablo, por ejemplo, de los hospitales y de las instalaciones de la Universidad. Si concebimos el área central como un todo, entenderemos que los servicios sanitarios y universitarios son nudos de una red policéntrica en la que no tiene sentido tomar decisiones con un punto de vista exclusivamente local ni tampoco centralizado. Por favor, comparen esta trama de equipamientos con la disponible en otras áreas urbanas. Verán como la zona metropolitana resiste perfectamente el cotejo. Debemos hacer también una reflexión similar sobre los grandes centros comerciales. Quizá dispongamos ya de una oferta suficiente.

Antes destaqué que las grandes aglomeraciones urbanas favorecen el emprendimiento. Cualquiera de nosotros conoce también la diversidad de instalaciones fabriles existentes en la zona central de Asturias -siderúrgicas, químicas, metalmecánicas, navales, etcétera-, la capacidad de los puertos de Avilés y Gijón, la oferta de suelo industrial existente, el potencial de la Zona de Actividades Logísticas y, también, el de los centros y parques tecnológicos. Todo este conglomerado puede y debe propiciar el desarrollo de una economía basada en el conocimiento y la innovación, la ordenación del área metropolitana es una buena manera de facilitar esa sinergia, tan esencial como básica para el porvenir económico del Principado.

El turismo y la difusión de nuestro patrimonio cultural también resultarán beneficiadas por la cooperación, por un planteamiento de conjunto que supere la visión cuarteada en valles, montañas y fronteras municipales. Los concejos de la zona central están cruzados por las rutas jacobeas, agrupan la mayor parte de los monumentos prerrománicos y cuentan con infraestructuras culturales de primer orden como el Centro Niemeyer, Laboral Ciudad de la Cultura, el Auditorio Príncipe Felipe y el Teatro Campoamor. No parece desmadrado imaginar que una gestión conjunta y coordinada de tales  recursos contribuiría a situar Asturias en los circuitos culturales  europeos, y otro tanto cabe suponer del turismo.

No les añado más ejemplos. Podría extenderme sobre el atractivo de las políticas de regeneración urbana, con todos sus positivos efectos, laborales y también ambientales, pero prefiero regresar al punto de partida. Reitero: no se trata de crear una nueva realidad, sino de aprovechar mejor la existente, sin fiar su futuro al azar de un crecimiento desordenado.

La pregunta que nos debemos hacer ahora es si estamos a la altura de todo el potencial que reúne el área metropolitana. El Gobierno del Principado lo intenta y pone el asunto sobre la mesa de nuestras prioridades con la mejor disposición y la mayor voluntad de acuerdos. Porque también es importante resaltar que la ordenación adecuada del área metropolitana no se podrá hacer con la única iniciativa del Ejecutivo. O aquí se aúnan más voluntades y se superan mojones municipales y lindes políticas, a todos los niveles, o el proyecto no alcanzará el fruto que puede dar de sí.

Para los desconfiados, les aclaro que el Gobierno de Asturias no pretende añadir un nuevo escalón administrativo, sino, como especifica textualmente el documento, “de instaurar la cooperación como patrón de conducta de las administraciones públicas implicadas”. A partir de este planteamiento, es obvio que la formación de un Consorcio Metropolitano puede ser una de las alternativas más sólidas y prácticas; ahora bien, no nos enredemos en este punto en el ramaje administrativo y burocrático. Aquí y ahora, lo importante es no perder el tiempo y seguir dando pasos hacia delante para que Asturias saque el máximo rendimiento posible a sus ventajas. Y la existencia del área metropolitana es, sin duda, una de las mayores. Muchas gracias.