Reunión-convivencia de amigos de Posada nacidos en 1947, 1948, 1949 y 1950

Asomará en sus memorias el recuerdo de doña Inés Vírseda enseñante a leer y escribir antes del ingreso en la escuela nacional

Publicado el 26/03/2016

             Como ya lo hicieran por vez primera el 19 de abril de 2008, el próximo sábado día  9 de abril de 2016 repiten convocatoria que tiene carácter bienal, los amigos de Posada nacidos durante esos cuatro años y algunos que no habiendo nacido en ella, han pasado parte de su niñez y adolescencia.

                 Están convocados 17 hombres  y 25 mujeres para reunirse en la iglesia de Posada donde se celebrará una misa oficiada por el párroco José Julio Velasco, en acción de gracias y en memoria y recuerdo de nueve compañeros fallecidos, y de los maestros Justina Alonso Hevia y Ovidio Muñiz Sánchez, para posteriormente compartir la comida en un restaurante de la localidad. 

                Todos superan los 60 años, la mayoría ya abuelos y esta reunión es punto de encuentro para algunos después de muchos años, pese a vivir en localidades no muy lejanas entre sí. Una generación que tiene mucho que contar y recordar, pues ha vivido el irrefrenable progreso y modernidad de la sociedad actual, pero que también mira de reojo los años de adolescencia y juventud de bastantes estrecheces, carencias  y medios económicos, algo que desconocen sus propios hijos y mucho más sus nietos.

                Asomará en sus memorias  el recuerdo de doña Inés Vírseda enseñante a leer y escribir antes del ingreso en la escuela nacional; aquellos años de escuela de horario clásico de 9 a 12 y de 14 a 16  que no tenían suspensión de clase por huelga de transporte escolar, ya que cada uno iba y regresaba  a pie por aquellos caminos de barro y agua. No había problema con el comedor pues  se iba a casa a comer de 12 a 14,  algunos  caminando 2 kms. de ida y otros tantos de vuelta.

                Tampoco se suspendían las clases por el frío, por sed  u otras adversidades; el frío se combatía con guantes para evitar sabañones, se bebía a la salida donde fuere y las necesidades  se hacían en el caleyón de casa Bina. 

                Tampoco se sentía la necesidad de comprar “chucherías” y la espalda no sufría la carga de la bolsa repleta de libros y más libros. Y como no había polideportivo, bastaba cualquier entretenimiento, el juego a la queda,  el pío campo y saltando la peña existente delante de la escuela. Ni se necesitaba teléfono móvil porque la cita estaba en la calle.

              Bastaba la mítica enciclopedia de Álvarez  que resumía prácticamente todo lo dado en el curso escolar en unas aulas con los pupitres dobles con tintero, pizarra, goma y lapicero. Se  topaba la vista frente a los símbolos de régimen, el encerado a un lado y el mapa de España por regiones al otro,  que al estar mirándolo casi de continuo, se sabía donde estaba Almería, Badajoz o Guadalajara, dónde están los Pirineos o el nacimiento del Ebro.  Clases impartidas por dos maestros recordados como Justina Alonso y Ovidio Muñiz quienes con escasos medios materiales, se entregaban  sin condiciones en la enseñanza a sus alumnos, con disciplina eso sí,  pero inculcando unos valores de respeto, conducta moral , ética y ciudadanía,  que han quedado marcados entonces y que tanto se  hacen notar en las últimas generaciones.

            Cómo no recordar los oficios religiosos en la iglesia de arriba, la misa, el catecismo, el ejerció de las flores… y después las correrías hasta el campo de la Huelga para jugar o ver jugar al Llanera y más tarde al  cine Goía, si la “peli” era tolerada para menores porque el baile en la pista era para los mayores de 21 años. Así que, a esperar a las fiestas de romería por el verano de San Cucao, Lugo, Cayés, Ables…..a donde iban varios juntos, chicos y chicas, caminando naturalmente.  O a jugar en las escaleras de la Plaza de Abastos o a guardias y ladrones en Trucos, o hacer trastadas en la noche de San Juan.

          Recuerdos que son imborrables para esta generación que se reúne después de 50 años y que desde luego después de tanto tiempo han hecho mella. Y uno se pregunta si los hijos y nietos de esta generación  serán capaces de hacer lo mismo al cabo de tantos años. Algo tendrán  que recordar y contar de su niñez y juventud. Son tiempos totalmente distintos.