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Carta al director: Brasil, la democracia en peligro

Publicado el 01/08/2016

Tal y como sostenía la destituida presidenta brasileña Dilma Rousseff, ”La inestabilidad del gigante sudamericano parece estar servida”. El golpe por el que fue destituida carece de toda base legal. Si la razón del mismo fue por “maquillar las cuentas” tal y como han divulgado los medios, pocos países europeos se hubieran salvado empezando por el nuestro donde el presidente en funciones Mariano Rajoy maquilla de forma constante las cifras del déficit, del paro, de la inflación y de cuantas cosas más sin que a nadie se le ocurra pedir su destitución.

Tal y como la presidenta Dilma sostenía ante la prensa nacional y extranjera, se trata de una explícita venganza orquestada por el presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha, del centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), luego que el Partido de los Trabajadores (PT) decidiera abrir una investigación en su contra ante el Comité de Ética.

Tras la derrota electoral del PMDB en las elecciones de 2014, éste inició una campaña de desestabilización que se mantiene hasta hoy, al igual que sucede en Venezuela, Bolivia o Ecuador por citar otros casos que reflejan la vena golpista de la derecha cuando las urnas les cierran las puertas. La trayectoria de Brasil está plagada de estos recursos.

El juicio político abierto a Dilma Rousseff y su reemplazamiento por el vicepresidente Michel Temer, mientras dure el proceso puede complementar el mandato hasta 2018 si Dilma fuera hallada culpable.

En este momento Brasil sufre la peor crisis económica desde 1930 y está abocado el país al enfrentamiento político, la desestabilización y la incertidumbre, mientras el gobierno destituido de Dilma Rousseff había trabajado a favor de las grandes mayorías, beneficiando a millones de personas y reduciendo la pobreza a grados extremos.

Tal y como denunciaba el The Washington Post, la mayoría de los adversarios de Rousseff enfrentan irregularidades, incluidos el actual presidente Michel Temer y el propio Eduardo Cunha acusados por el mismo delito por el que se quiere juzgar a la mandataria destituida.

Ese mismo periódico concluye que el mejor recurso contra la crisis es celebrar elecciones anticipadas que requerirían una enmienda constitucional o una determinación de la autoridad electoral certificando la actual elección presidencial como corrompida por la financiación ilegal de campañas.

La injerencia del exterior apuesta por imponer a la sociedad brasileña el mandato de los sectores más reaccionarios de la derecha, sin importar qué oscuros intereses puedan terminar con la democracia en un país al que le ha costado mucha sangre y dolor poder alcanzar estabilidad, avances y desarrollo.

La cuenta regresiva se ha iniciado y si las fuerzas populares no demuestran de forma clara su apoyo incondicional al proyecto social y al gobierno que tantos logros conquistó para los trabajadores, volverán las políticas neoliberales y con ellas, la falta de soberanía, de independencia, de empleos y de aumento de la pobreza entre otros males.