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De ruta gastronómica por Las Regueras: Restaurante El Quexu. Casa Florinda

Un escondite lleno de buenas sensaciones que siempre invita a volver

Publicado el 02/09/2016
El tapin De ruta gastronómica por Las Regueras: Restaurante El Quexu. Casa Florinda

Llego al restaurante El Quexu y me recibe en la verja de entrada un mastín de enormes dimensiones, lejos de mostrar hostilidad después de mirarme sigue con su apacible siesta. El can está acostumbrado al numeroso público que día a día acude para disfrutar de una buena comida.

Recuerdo la primera vez que estuve aquí hace unos años con ocasión de una  cena de Navidad, finalizaba la carretera y yo no encontraba el restaurante pese a estar delante de mi. Veía solo una casa, una edificación como cualquier otra de un pueblo asturiano, con su pequeño jardín. Sin saberlo entonces di con la razón del éxito del Restaurante El Quexu... la exquisita cocina de las abuelas y la tranquilidad que uno puede encontrar en su propio hogar. Un escondite lleno de buenas sensaciones que siempre invita a volver.

Para preparar este reportaje había concertado previamente un encuentro con Mª Jesús Álvarez, pero estaba atareada aún con las comidas y me pidió que aguardase unos minutos. Mientras me tomaba un café que amablemente me sirvió para mitigar la espera y ojeaba un álbum lleno de fotos entrañables, vi pasar a una mujer con paso rápido y que con gran destreza cargaba un buen número de tazas y platos en la mano.

Florina, dijo entonces Mª Jesús, vete tu contándole algo que enseguida estoy con vosotros.

¿Es esta mujer Florina, la fundadora? me pregunté, imposible tener esa vitalidad, si pronto cumplirá los 89.

Se sienta a mi lado... ¿qué puedo contarte yo? ¿es para un periódico? no se si sabré hacerlo bien. Me presentó y para que se sienta cómoda le digo que vivo en el concejo ... y hablamos de mi pueblo. Ella es natural de la casa en la que nos encontramos, y siempre vivió allí incluso después de casada. Recuerda como de niña trabajaba duramente a lo largo del día en la casería, y por la noche pese a estar agotada, acudía a las clases particulares de un vecino. Me doy cuenta que siempre ha sido pura energía y nervio, que no hay nada que se le ponga por delante.

Corría el año 1963 cuando decidió abrir un bar para ayudar a la maltrecha economía familiar. Su madre ya estaba viuda, su marido trabajaba en el campo, así que un chigre podía ser una buena idea. "Empecé con una mesa y una barrica de vino en este pequeño rincón donde hoy está la entrada, lo demás por entonces era cuadra".

En aquellos años no había carretera, no se podía llegar hasta allí en coche, el esposo de Florina bajaba con el carro al Escamplero, justo a la carretera en dirección a Trubia donde la antigua carnicería, a buscar el vino. Tampoco tenían agua ni luz eléctrica. "La carretera tardó mucho en hacerse, y hay que darle las gracias a Manolo El Correo". La llegada de la electricidad también tuvo sus dificultades, después de pagar las correspondientes tasas hubo que esperar unos seis años para que se hiciera efectiva la conexión.

Este "aislamiento" llevó a que las vecinas les hiciesen ver la necesidad de abrir también tienda. "Mientras los paisanos iban a tomar una pinta de vino, las mujeres compraban los enredos. Ellos venían sobre todo después de acudir a los entierros, se reunían aquí hasta las tantas bebiendo y jugando a las cartas".

Con el tiempo empezó a ser casa de comidas, había aprendido a cocinar con su madre y así "caminó palante".

Se une a nuestra charla Mª Jesús, su nuera desde que hace ya 37 años se casó con Andrés Avelino. Era muy joven entonces, de cocina sabía lo justo, y  se formó en los fogones con su suegra. Florina que ya está impaciente por preparar las cenas, antes de irse hace constar con contundencia "ésta, cocina también como yo", pero Mª Jesús más modesta sonríe y señala que nunca alcanzará ese toque que las mujeres de antes saben dar a sus guisos. "Las lentejas de mi suegra son únicas, imposibles de igualar".

Con la irrupción del nuevo matrimonio en el negocio familiar, se le dio un cambio al nombre del establecimiento, de Casa Florina a Restaurante El Quexu, (aunque en la práctica se fusionaron sin desaparecer el primero), se ampliaron las instalaciones del bar y se construyó un precioso comedor con capacidad para unas 70 personas, así como la terraza que es la zona preferida del público, puesto que se llena incluso cuando las temperaturas no son del todo agradables. Sin duda sus espectaculares vistas a toda la Sierra del Aramo, a San Claudio y Oviedo... son la razón de su éxito.

Vamos al aspecto puramente culinario, tienen menú para los días laborables con varios platos a elegir, menú especial para los fines de semana, que es cuando mas gente acude, y cuando una sobrina les echa una mano con los guisos. Cocina tradicional donde nunca faltan los cocidos aunque sea verano, desde las famosas lentejas de la fundadora hasta los garbanzos, fabada, pote, cordero, ternera, pollo, conejo, cachopo, callos, ensaladas variadas y en temporada guisantes con jamón o menestra. Tiene especial relevancia la cocina cinegética y se ofrece al comensal piezas obtenidas por Andrés Avelino, jabalí, venado, codornices. De hecho la caza también predomina en la decoración, una gran cabeza de jabalí recibe al cliente en la entrada y varias cabezas de venados adornan el comedor muy cerca de la chimenea.

Los platos mas demandados son el pote, los callos, las cebollas rellenas de bonito y el rollo de ternera. De este último un conocido político del panorama actual comió varios platos, alegando que nunca había probado semejante exquisitez. La fama de los callos cruza el Negrón, de hecho durante bastante tiempo semanalmente los preparaban para ser degustados en Cáceres. Recuerdan como en un principio era un taxista de Trubia el que los llevaba a la tierra extremeña. Una cacerola con 20 raciones, se esperaba a que enfriaran y cuajaran, se aseguraba la tapa de la olla con cuerdas y luego se metía en una caja lista para el viaje.

En cuanto a pescados trabajan con la merluza, el lenguado relleno de marisco, bacalao con pisto y el bonito a la plancha o con pisto también. De todos ellos el que más piden es el bonito, y Mª Jesús me dice que aquí el truco está no tanto en su forma de prepararlo, sino en la calidad de este pescado. Me cuenta un pequeño secreto a la hora de escoger las piezas, secreto que no vamos a desvelarles a Vds., y que comparte con su pescadero de confianza quien personalmente elige en la lonja de Avilés el bonito que después se comen en el Quexu.

Los postres están elaborados en su totalidad por ellos mismos, todo de la forma mas artesanal posible. Ese mismo día se habían pasado la mañana haciendo el arroz con leche "que da mucho que hacer, mucho tiempo revolviendo sin parar". Hay también flan, tartas, frisuelos rellenos de mermelada de naranja y helados, el de turrón, especialidad de Andrés Avelino es el más solicitado.

Casualidad que mientras hablamos de las llambionadas Florina irrumpe para decir que hay que ir preparando los frisuelos para la cena.

Muchos de los productos ofrecidos son de la propia casa, como los pitos que ellos crían con mimo para ofrecer en las Jornadas Gastronómicas que por el mes de febrero se celebran en Las Regueras. Las fabas o los arbejos por ejemplo, los compran siempre al mismo productor del concejo. A la hora de ofrecer calidad se busca lo conocido y que las producciones no sean industriales, pero esto tiene también alguna dificultad, los exigentes controles sanitarios que ellos cumplen escrupulosamente.

Pese a no estar ubicados en la costa, agosto es un buen mes y tienen mucha afluencia de turistas, gente de toda España, de Francia, Italia o EEUU. El público llega sin dificultades aunque no están en un lugar de paso, hay que buscarlos expresamente, pero al principio la mítica Casa Concha les abrió el camino y ahora los buscadores de internet hacen el resto. El que quiere comer bien los encuentra, como aquel matrimonio barcelonés que de vacaciones en Gijón, comentaba en el Paseo de Begoña su intención de no abandonar Asturias sin comer un buen pote o una contundente  fabada. Unos transeúntes lo escucharon y aseguraron que el sitio ideal estaba en Las Regueras, en Quejo.

La gerencia corre a cargo de Mª Jesús, y dice encontrarse a gusto entre papeles y burocracia, casi más que en la cocina pese a considerarlo tarea mas difícil.

Como es habitual me gusta concluir con alguna anécdota, recuerdan una ocasión en la que buena parte de la alta jerarquía eclesiástica llenó su comedor, incluido el mismísimo Tarancón.

Para despedirme de Florina su nuera me acompaña hasta la cocina y allí la encuentro, lastima no haberle hecho entonces una foto, sartén en mano y  lanzando al aire con garbo un frixuelo, en una fuente ya tiene elaborados al menos dos docenas. Ya nos lo había dicho... que hay prisa para preparar la cena y ella se puso manos a la obra.

Ha sido un placer charlar con estas dos mujeres, la fundadora trasmite energía y vitalidad, su "heredera" la calma y el sosiego necesarios para llevar el trabajo a buen término cuando su local está lleno de clientes.  Prometo volver . Gracias por poner a Quejo y a Las Regueras en el mapa gastronómico y a por muchos años mas de éxitos culinarios y como no, en vuestras propias vidas.