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Javier Cortés presentó al Arzobispo de Oviedo D. Jesús Sanz Montes la historia de la Capilla de Villanueva

Publicado el 15/11/2016
El tapin Javier Cortés presentó al Arzobispo de Oviedo D. Jesús Sanz Montes la historia de la Capilla de Villanueva

Monseñor Sanz, Sr. Arcipreste D. José Julio, Sr. Alcalde Gerardo Sanz, vecinos y amigos:

Para Villanueva significa un auténtico lujo contar con su presencia y desde luego que va quedar en el  recuerdo para mucho tiempo esta visita.

Me ha tocado presentarles el edificio que nos alberga y siguiendo las líneas de Ramón Rodríguez, flamante director del RIDEA y de la Biblioteca Universitaria, intentaré que salgan todos con un mejor conocimiento de la capilla de la que nos sentimos tan orgullosos.

 

Introducción histórica: Desde los tiempos de la Monarquía Asturiana y posterior de la leonesa (años de la Reconquista), los reyes fueron los mayores propietarios de las tierras y las de Llanera no eran la excepción. En el año 1112 la reina Dña. Urraca cede al obispo D. Pelayo todo el territorio de Llanera hecho que ratifica el proceso de donaciones a la Iglesia desde la Corona, actuaciones que empezaron a ser habituales. 

En el año 1161 aparece documentada por primera vez la Iglesia de Sta. María de Villanueva en un presente de la “regina” Doña Urraca “La Asturiana” al cabildo de la Catedral. El currículum de la benefactora es digno de leerse: hija natural, que no legítima, del Emperador Alfonso VII y de Gontrodo Petri (fundadora ésta del Monasterio de Santa María de La Vega), ejerció como reina sin serlo gracias a la generosidad de su padre y al beneplácito de su hermano el rey Fernando II. Gracias a ella los monasterios de Oviedo, en especial el de San Pelayo, ampliaron de forma significativa su patrimonio y nuestra capilla estaba entre esos bienes. A partir de este momento se cita en numerosas ocasiones pasando por momentos difíciles por abandono y de destrucción casi completa durante la Guerra Civil.

 

Estilo Arquitetónico. Catalogada como iglesia de estilo ROMÁNICO POPULAR Y RURAL, atiende a los caracteres principales de tal género: Nave única,  arcos de medio punto, bóveda de cañón, anchos muros, sillarejos en su mayor parte y escasez de auténticos sillares trabajados.

La sencillez se manifiesta en la inexistencia de pilares y de capiteles, de la falta de alineación de elementos constructivos, la simplicidad de las portadas (en sobremanera si se la compara con Santiago de Arlós), la asimetría de los arcos, el sistema constructivo sin cimentaciones... todo denota una construcción sin apenas recursos, solo lo indispensable para adaptarse a los tiempos del siglo XII.

Tres son los volúmenes que componen el edificio: la nave de planta rectangular, el testero con la capilla cuadrada y la sacristía también rectangular pero añadida posteriormente se cree.

La orientación es la tradicional este-oeste con el altar más cerca de Tierra Santa y presenta diferente niveles: la nave, el lugar de los fieles, está por debajo del testero y este más bajo que el lugar ocupado por el altar, el lugar preeminente por ser el más importante.

El material usado es la piedra arenisca en todo el conjunto salvo en dos de los sillares del vano encima del altar que son de caliza muy clara.

Los muros de mampostería, potentes, sin zapatas (arrancan directamente sobre la tierra), están construidos con piedras sin apenas retocar, conocidas como sillarejos y tan solo sustituidas por sillares en los lugares claves en la estabilidad del edifico: Esquineros, pórticos, arco de acceso al altar y en los vanos de iluminación y espadaña (posterior). La simpleza de los materiales se disimula con el recubrimiento de mortero en origen de arena de río, cal y arcilla con un encalado final que en algún momento, en el interior tuvo tonos rojizos oscuros.

Los accesos son dos: al oeste el pórtico principal y desde el sur, el más usado; los dos presentan arcos de medio punto sobre jambas de sillar rematadas en impostas de las que arranca el arco de medio punto protegido por un guardapolvo. (Las jambas y algún sillar de esquina se usaron para afilar herramientas, de ahí su desgaste tan característico). Todo el conjunto es liso, no hay presencia de relieves de ningún tipo ni traza de haberlos habido. El paso de la nave al altar se hace también a través de otro arco de igual factura presentando sólo una diferencia que estriba en su asimetría puede que fruto de una acción posterior a su fábrica. (En las jambas de éste, hay unos agujeros que servirían para sujeción de algún tipo de cancel o elemento que separaba el altar de la nave, de la jerarquía religiosa del simple fiel).

La bóveda de cañón cubre el testero. Arrancando de los mismos muros, no necesita contrafuertes bien por la potencia de éstos o lo más convincente, tras declaraciones de vecinos de la postguerra, por ser posiblemente de ladrillo, lo que rebajaría el peso.

Vanos hay dos en la nave, estrechos abocinados hacia el exterior tipo tronera, sobre sillares escuadrados el de la izquierda; en el testero existe en el muro sur, otra ventana más ancha que las anteriores pero de una factura especial por el delicado trabajo que destaca sobre todo lo realizado en el edificio. Por encima del altar hay otro vano angosto, de sillería abujardada que en el exterior se manifiesta con diferentes tonos y que tiene dos agujeros cuadrados a un lado que serviría para sujetar una contraventana de cierre. El hueco de la sacristía no tiene relevancia.

La cubierta de la nave es plana, con tabla machihembrada y barnizada. La estructura del tejado actual aprovecha las vigas triangulares de álamo que se colocaron tras la primera restauración y que, dado su excelente conservación, han sostenido techumbres de teja plana, apoyadas directamente sobre las correas, lo que se conoce aquí como “a teya vana”, de fibrocemento o el actual de teja árabe. Los aleros son todos de piedra, con canecillos sobre los muros que sujetan ménsulas que sirven a su vez de descanso de las vigas y las correas. Los canecillos son un elemento especial en el románico manifestando en esta ocasión una rusticidad y simpleza que los hacen únicos. De diferentes facturas y motivos presentan una desigual colocación así como un trabajo dispar: de formas geométricas presenta acabados muy diferentes que indican un reaprovechamiento o obra de varios autores. La erosión en todos estos elementos es patente.

Altar. En él está el retablo de madera tallada donde destaca la imagen central de María representando su Asunción a la cual se le dedica el templo. La acompañan otras dos representaciones de Jesús Nazareno y San José. Se completa con un sagrario tallado realizado por César Sánchez.