La Asociación Campamento Parroquial de Santa María de Ordás recibió la Mención Gorfolí 2017

Bautista Rodríguez “Nos emocionó mucho ver como partía el autobús desde la Plaza de la Iglesia de Lugo de Llanera y recordamos nuestra infancia”

Publicado el 20/03/2017
El tapin La Asociación Campamento Parroquial de Santa María de Ordás recibió la Mención Gorfolí 2017

En la Casa de Cultura de Lugo de Llanera el periódico El Tapín entregó la cuarta Mención Gorfolí, que este año recayó en la Asociación Campamento Parroquial de Santa María de Ordás. El encargado de hablar en nombre del colectivo y uno de los miembros fundadores de la misma fue Bautista Rodríguez, conocido como Cortina, que aseguró que en este momento la asociación está formada por 170 socios, la mayoría son vecinos de Llanera o están vinculados muy directamente a la parroquia de Lugo. Rodríguez aseguró que el colectivo surgió por una añoranza y nostalgia de los años que pasaron los miembros del colectivo en el campamento de León, “para nosotros la casa era una referencia de los veranos y todos los años íbamos unos 50 o 60 niños, que suponían hace 40 años un porcentaje muy alto de vecinos”, apuntó.

Cortina aseguró que la casa estuvo funcionando de manera continua unos 20 años y los 20 siguientes estuvo parada sin ninguna actividad, “se cerró porque la legislación de los campamentos era más exigente y había que hacer reformas, esto hizo que se deteriorara cada vez más. Todos éramos espectadores de cómo iba pasando el tiempo, una anécdota es que a las afueras del pueblo hay una colina con una torre medieval y era el monumento del pueblo de Santa María de Ordás, donde íbamos a jugar y se ve desde la autopista del Huerna y cuando pasábamos por allí todos nos acordábamos del campamento y pensábamos como estaría la casa”, confesó.

El miembro de la directiva confesó que en un momento dado se decidió aglutinar a un grupo y comenzar con los trabajos de restauración, en un momento en el que no había marcha atrás para ser declarado en ruina, “era o hacemos algo ahora o ya dábamos por perdida la casa y lo que representaba. Con mucha más ilusión que sentido común nos embarcamos en el proyecto”, afirmó.

La casa es propiedad de la parroquia de Lugo de Llanera y con la asociación se buscó la fórmula para poder actuar con el beneplácito de todo el mundo y teniendo una autonomía para intervenir, además querían estructurar el grupo y dar entrada a todos los colaboradores y socios. “Una vez constituida la asociación teníamos un ente administrativo con el que firmar un contrato de arrendamiento para la parroquia y el trato fue un alquiler a largo plazo, con un precio simbólico con los fines de la asociación, que son muy específicos y consisten en recuperar la casa, habilitarla y que se diera cabida a todas las actividades con un orden de mérito muy claro, en principio para actividades de las parroquias de Llanera. En los periodos donde no se realicen estas iniciativas se puede alquilar a colectivos que realicen actividades culturales, deportivas o de ocio, incluso a particulares que encajen con los fines de la asociación”, explicó.

Lo fundamental era la reparación del tejado y adecuarla a los mínimos necesarios para las estancias de los grupos allí, “surgió la necesidad de más cosas y a la vez empezaron a aparecer apoyos, como el de la ingeniería IAM de Lugo que elaboró el proyecto desinteresadamente, se buscó financiación  en entidades bancarias y apareció gente que se hicieron socios, además de los voluntarios para trabajar en la obra”, comentó. Después de tener el proyecto se contrató la obra estructural con un contratista local, donde se reparó el tejado y las paredes con la ambición del resto de temas menores que se realizaron con voluntarios. “Muchos profesionales como electricistas, carpinteros entre otros muchos pusieron su mano de obra, además la figura  de Silverio Argüelles con su capacidad de gestión y coordinación para aglutinar a todo el mundo, pero sobre todo la colaboración de empresas, que fueron contribuyendo y apartando cada uno lo suyo”, apuntó.

Rodríguez recordó que iban los fines de semana en especial los domingos por la mañana a trabajar allí, pasando frío y en alguna ocasión llegaron a pensar que no podían cumplir los plazos, pero las parroquias de Lugo y Posada apostaron por ello y este verano realizaron allí sus primeros campamentos. “Nos emocionó mucho ver como partía el autobús desde la Plaza de la Iglesia de Lugo de Llanera y recordamos nuestra infancia”, destacó.

Cortina se mostró muy agradecido al periódico El Tapín por la Mención Gorfolí, pero aseguró que esto no se hizo para recibir ningún premio sino el rehabilitar la casa para que los jóvenes de la parroquia puedan disfrutar de nuevo de ella, “la gente cuando nosotros éramos niños se relacionaba y jugaba en el pueblo, pero ahora están jugando con los videojuegos o se van a otras cosas como actividades y ya no juegan tanto, queremos que lo que aporte es que los niños del pueblo convivan de manera intensa y jueguen juntos”, concluyó. La entrega la realizó el alcalde de Llanera, Gerardo Sanz, el editor del Tapín, Roberto Álvarez,  también intervino el en el evento.