[X]

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar su experiencia de usuario y ofrecerle los mejores servicios.
Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información en nuestra Política de Cookies.


El resurgir de la fragua de Tuernes.200 años después, los Martínez Álvarez recuperan una muestra de gran valor etnográfico

Aunque por diferentes indicios cabe pensar que la fragua es más antigua, documentalmente aparece que en 1825 estaba en funcionamiento a cargo del tatarabuelo

Publicado el 24/04/2017
El tapin El resurgir de la fragua  de Tuernes.200 años después, los Martínez Álvarez recuperan una muestra de gran valor etnográficoDaniel, Azucena y Chema enredando en la fragua

Para los hermanos Martínez Álvarez, Chema, Zuce y Daniel, la fragua que funcionaba en Casa el Ferreru de Tuernes, donde nacieron, era una dependencia más de la casería, donde muchas veces debían ayudar a sus mayores tirando del barquín o en otras tareas auxiliares, y en no pocas ocasiones, era el sustituto obligado a los juegos propios de su edad. Ver a sus padres y abuelos trabajar en ella, era tan cotidiano que no reparaban en lo excepcional que entrañaba tener en casa “ferreros” y una “industria” artesanal única en los alrededores.

Ya de mayores –nos explican- fueron dándose cuenta de lo que significaba tanto para la propia familia como para los vecinos más o menos cercanos, al tiempo que eran testigos de los cambios generacionales que se producían tanto en su entorno como en las tareas agrícolas y ganaderas, cambios todos ellos que poco a poco condujeron a un paulatino descenso de actividad hasta llegar al abandono definitivo de las tareas,  aproximadamente en 1983.

Pasarían aún bastantes años hasta que el mayor de los hermanos comenzó a indagar en la historia que había tras aquéllas paredes, herramientas y utensilios almacenados “en la fragua”, y apoyándose en “las escrituras” que se conservaban, pudo trazar hitos importantes del devenir tanto de la fragua en sí como de los ferreros que en ella trabajaron. El fruto de estas indagaciones vieron la luz en la revista y anuario de La Piedriquina del año 2009 y 2013, en este último caso, dentro de un “inventario” de las que hubo en Llanera y Les Regueres, donde se referenciaron 20 para Llanera y 18 para el municipio cercano, hoy día ya ninguna en funcionamiento y la mayoría desaparecidas.

Aunque por diferentes indicios cabe pensar que la fragua es más antigua, documentalmente aparece que en 1825 estaba en funcionamiento a cargo del tatarabuelo de los citados hermanos, llamado José. A éste seguirían sus descendientes masculinos directos, Faustino, José y el último también José, padre de los Martínez Álvarez fallecido en 1984, todos ellos ferreros, herradores de animales y los dos primeros también fabricantes de carros, además de dedicarse a las tareas propias de la labranza y casería.

Los Martínez eran artesanos autodidactas o con conocimientos adquiridos en la tradición familiar, capaces de moldear el hierro fabricando o reparando herramientas principalmente agrícolas e incluso utensilios de cocina. Además, ferraben animales de raza vacuna en el potro que había en la Casa, y también caballerías y curaban las heridas de las pezuñas de ambas razas.

Nos cuentan los tres hermanos que por lo que ellos mismos vivieron y oyeron a sus mayores, en la fragua se trabajaba a lo largo de todo el año y, muy especialmente, en los días de invierno tan apropiados para estar al lado del fuego y a cubierto. Los vecinos acudían allí tanto de visita, como a ayudar al ferreru en sus tareas, como para hacer encargos e incluso para hacer de ayudantes del ferreru buscando al mismo tiempo una mayor rapidez en solventar sus asuntos y un precio más ajustado. Además de trabajar, había animadas tertulias muchas veces prolongadas hasta altas horas de la noche.  Arreglar, ensamblar o incluso construir útiles de todo tipo y herramientas agrícolas, “preseos” en el argot campesino, como gavites, tazones, salladores, semadores, gradies, foces, focetes, pales, gadaños, fierros de cabruñar, pales, fesories, ferradures de caballerías, cachivaches de cocina, dientes de les grades, martillos, tornillería, arados, rejas, picos, carros, chapas para las cocinas de carbón, argolles, ganchos de cocina , paletas de carbón, trébedes, etc. eran habituales. En todas las casas de los alrededores e incluso en pueblos de otros concejos limítrofes, hay alguna herramienta hecha o reparada en esta Fragua. Destaca por lo novedoso que hoy día resulta, una sembradora-arrendadora, que como regalo de bodas para una vecina de Parades, construyó el abuelo de nuestros informantes alrededor de 1950 y que aún conserva en muy buenas condiciones. En los años sesenta, Pepe el ferreru integró en una salladora un artilugio innovador para regular cuanto profundizaba en el terreno. La última obra hecha en la fragua de Casa el Ferreru, aproximadamente en 1980, una balconada de terraza y la baranda de escalera, lucen en una vivienda cercana.

Con el sonido del martilleo constante  sobre el yunque repicando en sus oídos, acostumbrados a tirar del barquín, sujetar con las tenazas claveras las piezas sobre la incla e incluyo dar el porrón para moldear el hierro efervescente que salía del fuego; habituados a convivir a diario con las múltiples herramientas y demás utensilios de la fragua y conservándose ésta en condiciones aún aceptables, los hijos de Pepe y Maruja el ferreru se decidieron a restaurar todo ello. En 2013, después de tres largos años de trabajo minucioso y constante,  donde la dedicación e inventiva de Azucena fue fundamental, y la complicidad imprescindible con los valores de lo tradicional y antiguo de los operarios externos –albañiles, carpinteros, ebanistas, etc.-,  se dio por terminada la recuperación de la totalidad de los preseos de fragua, de la antigua carpintería, del potro, de la casería y otros utensilios domésticos obsoletos por antiguos que conservaban, así como la rehabilitación del propio local y de la fragua en sí, sin alterar su configuración original, convirtiéndolo en una exposición permanente de dicho utillaje.

Cerca de seiscientas piezas diferentes –como se puede intuir por las fotos que insertamos-, se muestran en el local de la antigua fragua, convertida en una suerte de museo, donde el fuelle y el barquín funcionan aún como antaño. Todo lo que allí se ve es propio de la casa o donaciones de vecinos que sustituyen a herramientas que habiendo sido habituales en Casa el Ferreru, por diferentes razones no se conservaban. Lo más moderno allí instalado, son componentes neumáticos y eléctricos que procedentes de la fragua de Pin el ferreru en San Cucao, que al jubilarse este ferreru en los pasados años 70, los compró el ferreru de Tuernes.

A cada pieza, utensilio o herramienta le acompañada una etiqueta con el nombre, y en muchas, incluso el año en que fueron inventariadas, bastantes centenarias,  siendo posible incluso, saber el valor económico asignado en los inventarios. Recorrer la estancia observando cada elemento expuesto nos traslada a tiempos pasados pero aún muy vivos en la retina de los mayores, pues lo que allí se recoge, toda una colección de herramientas para el trabajo tradicional en el campo, en el llagar de sidra, en la carpintería  y herraje, de arroxar el pan así como cachivaches de cocina, es toda una muestra etnográfica muy singular y significativa, no solo de la actividad en la Casa, sino de cómo era este tipo de instalaciones tan transcendentales en la vida rural hasta hace poco y de la vida cotidiana en las caserías de la zona. Chema, Azucena y Daniel Martínez Álvarez y las parejas de éstos últimos, creen que el resultado de su empeño mereció la pena y quienes les siguen, Lorena y Adrián, encuentran a diario en el local y su historia, algo sorprendente por desconocido para las generaciones actuales.

Aunque el objetivo de la recuperación hecha era conservar la “historia de la casa”, son ya casi cuatrocientas personas las que tanto a título particular como pertenecientes a diferentes agrupaciones culturales y vecinales,  las que gracias al “boca a boca” han visitado este “museo”  y están programadas para fechas próximas algunas otras visitas, entre ellas las de algún centro educativo cercano. Sin  ánimo lucrativo, todos son bien recibidos y se les ofrece una pequeña explicación sobre lo que allí hay y la historia de esta fragua valorada doscientos años atrás en trescientas veinticinco pesetas, equivalente a poco más de dos euros de hoy día.

El acierto de la tarea que enfrentaron estos hermanos sin ayuda pública alguna queda compensado con la satisfacción personal de conservar lo que tan ligado está a sus vidas personales y que probablemente sea la única fragua que se conserva, no solo en Llanera sino incluso en municipios limítrofes.