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Carta al director. Niños Malcriados

Publicado el 13/07/2017

Escuchamos o leemos a menudo el maltrato de jóvenes a adultos  incluyendo a padres y abuelos. Pueden ser varios los factores que inclinan a esos jóvenes a esas conductas, pero entre ellas la más importante es sin duda la educación que de niños hayan recibido de sus padres. La malcriadez es determinante. Ningún niño nace con ella, es tan solo el producto de una incorrecta educación del pequeño por parte de los adultos.

Los niños consentidos o malcriados suelen manifestarse con desobediencia, rabietas o malas contestaciones. Tenemos que aprender a ser más exigentes con nuestros hijos haciéndoles partícipes de nuestros esfuerzos y también de nuestras dificultades. Si por ejemplo el niño quiere la leche en otro jarro, los padres se lo cambiamos por miedo a que llore y esto es un grave error. Si quiere otra comida se la hacemos, si se encapricha en un juguete, se lo compramos y con estas actitudes les estamos inculcando la irresponsabilidad.

Los niños son mucho más capaces de lo que los padres esperamos de ellos, en cuanto a sus modales, al respeto hacia los mayores, las tareas del día a día, la generosidad o el autocontrol.

Los niños son capaces de quitar la mesa sin que se lo pidan, pues que lo hagan. Solo indicarles el cómo  y veremos que sabe comportarse.

Antes los maestros o vecinos regañaban a nuestros hijos cuando hacían algo indebido. Actuaban como ojos y orejas de los padres. Ahora si un maestro reprende (de buena manera, claro está) a un alumno, lo más fácil es que tenga que vérselas con los padres. Si es un vecino, le decimos que no es de su incumbencia. En lugar de saber el porqué del regaño, nos enojamos con el profesor o vecino que le reprendió.

Puede parecer natural que nuestros hijos tengan de todo y a bien ser en abundancia, pero en esto hemos ido demasiado lejos superando las necesidades básicas.

De vez en cuando hay que saber decir “no” o “espera un momento” cuando el padre o la madre tiene otras cosas pendientes.

Ahora es usual que con toda la electrónica al alcance, la pongamos en sus manos ya de pequeños para evitar “nos molesten“ o estén entretenidos en una consulta, en un autobús público o en el mismo coche de los padres. Los niños también tienen que aprender a ser pacientes, a distraerse ellos solos, a observar a su alrededor.

Tampoco es bueno salir corriendo a levantarle cuando el niño se cae. Debe aprender a levantarse el solo. Es preciso que aprenda que los atajos pueden servir de ayuda, pero que resulta muy satisfactorio hacer las cosas por sí mismos. Lo mismo que aprender a comer solos ya de muy pequeños, aunque desperdicien parte de la comida.

Todas estas cosas y muchas más, pasan sin que nos demos cuenta de que pueden tener repercusiones en la vida de los menores. Si no lo corregimos a tiempo puede que en el futuro  sean arrogantes, egoístas, insolidarios, impacientes y maleducados.

Tomémoslo en cuenta.

Juan Luis Vallina Ariznavarreta