Una veintena de extrabajadores de la cantera del Naranco de Ensidesa se reunieron después de 25 años de haberse jubilado

Publicado el 29/11/2017
El tapin Una veintena de extrabajadores de la cantera del Naranco de Ensidesa se reunieron después de 25 años de haberse jubilado

Una veintena de extrabajadores de la cantera del Naranco de la empresa Ensidesa se reunieron el pasado sábado, 21 de octubre, en Casa Máximo en Villapérez. El motivo fue reunirse, ya que la mayoría llevaban 25 años sin encontrarse desde que se jubilaron, además de intercambian anécdotas y recuerdos de los años en los que trabajaban juntos y ponerse al día sobre las vidas de cada uno tras más de dos décadas sin verse.

A principios de agosto de 1964 el ingeniero de minas perteneciente a Ensidesa, Moisés Boada Espinosa, en compañía del Señor Valcárcel, reunieron en casa del juez de Folgueras (Villapérez) a unos cuantos trabajadores con ganas de buscar un puesto de trabajo, este hombre les aseguró que la empresa iba a hacer en la cara norte del Naranco unos sondeos y que si el resultado de los análisis era bueno todos ellos entrarían a trabajar allí. Las pruebas fueron fructíferas y todos se quedaron a trabajar allí hasta el retiro.

Los primeros trabajadores de las canteras fueron: Víctor Secades, Florentino Fernández, Sandalio Ramón, Arturo, Julio, José Manuel y Jesús “Los Peruchos”, Pachos “Carmela”, Manuel Villanueva, Felipe “El Polvorín”, Emilio Sueroz, José Manuel y Aurelio Granda, Manolo “El Barberu”, José Manuel Alonso, Roza, Secundino Ramos y Alvarín.  Después llegaron a trabajar más de 100 personas, con una remesa llegada desde Avilés para ayudarles. La persona más joven que acudió a la comida contaba con 70 años y el más mayor tenía 91.

Estos primeros trabajadores estuvieron allí de manera eventual hasta que pasaron dos años, realizan turnos de mañana y tarde. La idea de reunirse surgió gracias a Ana, hija de uno de los trabajadores, que le propuso la idea a Ismael, ya que su padre siempre se acordaba de todos los compañeros que trabajaban con él en la cantera. A Ismael le pareció buena idea y entre los dos localizaron a todos los trabajadores que todavía viven y concretaron la fecha y el día. Celia, hija de otro de los trabajadores, cuando recibió la llamada de Ismael le dijo que le diera la dirección que ella misma llevaría a su padre está el sitio donde fuera la comida.