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Alejandro Álvarez López presentó su libro El médico que no quería morir (Vida y muerte de Lodario Gavela Yáñez) en la Casa de Cultura de Posada de Llanera.

Publicado el 19/01/2018
El tapin Alejandro Álvarez López presentó su libro El médico que no quería morir (Vida y muerte de Lodario Gavela Yáñez) en la Casa de Cultura de Posada de Llanera.

 Escribir es un gran arte. Cada día hay menos personas que valoran a los escritores evadiendo sus historias y narraciones cuando éstas son capaces de trasportarnos a otros mundos sin tener que movernos del sofá, ni encender la televisión, ni estar conectados a la red.  Por suerte todavía muchos disfrutan de tener entre sus manos un libro. Algunos de los lectores de Posada de Llanera, acompañaron el viernes 19 de enero, a las siete de la tarde, a Alejandro Álvarez López en la Casa de Cultura en la presentación de su libro El médico que no quería morir (Vida y muerte de Lodario Gavela Yáñez )

 En esta ocasión se presentó la segunda edición del libro luego de haberse agotado la primera por su gran aceptación después de ser presentado en León, Fabero, Ponferrada, Santander, Gijón, Oviedo y Langreo. También está previsto que el libro se presente en Madrid, Valladolid, Orense y Coruña, para continuar posteriormente por otras ciudades del país.

 El libro es presentado no como una crónica o una biografía al uso, sino como una novela, aunque siempre fiel a los hechos históricos y a los personales que vivió su personaje principal Lodario Gavela. Esta decisión no fue la inicial pensada por el autor,  sino la consecuencia de determinadas intenciones que fueron surgiendo a lo largo del proceso de elaboración de la obra. Entre esos motivos o intenciones está, según afirma el autor, el deseo de “revivir” a Lodario Gavela para que el lector lo perciba actuando, hablando, sintiendo emociones, pensando y valorando su propia realidad y la historia. En este sentido, la forma novelesca, dado que la literatura es el territorio de la emoción, permite acercar el personaje al lector y que este empatice con él para que así se cree entre ambos un lazo estrecho racional pero también emocional, pues “los vínculos que los lectores crean con los personajes de un libro que les gusta —como dice Almudena Grandes— son mucho más profundos que los que podría suscitar en ellos la lectura de un libro de historia”. Sobre los personajes que aparecen en el libro, nos aclara Alejandro, unos mantienen el nombre real pero hay otros a los que se les ha cambiado, y algunos, finalmente, que son construcciones literarias aunque en ellos se recogen hechos o actitudes de personajes reales que tuvieron presencia o influencia en la vida o la muerte del médico.

 La obra narra la vida de Lodario Gavela Yáñez, médico de Fornela (León), asesinado por la Brigadilla en mil novecientos cuarenta y siete cuando contaba con treinta y un años. La memoria de este médico ha pervivido en la recordación de los vecinos de Fornela, Ibias, Ancares y el Bierzo como símbolo de la lucha por la libertad, por su implicación en el desarrollo de los pueblos de la zona, por su intensa dedicación a la educación como promotor de escuelas, por su labor profesional, por su apoyo a los más pobres y por su cuidado de los fugaos que luchaban contra la dictadura en los años cuarenta.

 En las páginas de este libro encontramos a un médico, Lodario, siendo  un ejemplo de valentía que mantenía viva la antorcha de la libertad, pero también de compromiso con sus gentes. Su labor no se circunscribió a la atención médica, cuya dedicación todavía se recuerda con admiración entre las gentes de Fornela y fuera de esta comarca. Fue también promotor de escuelas en Trascatro, Chano, Guímara y Cariseda; animador cultural, promoviendo el conocimiento del entorno, adelantado en la visión educadora de las niñas, tratando de arrancarlas del papel que el régimen y la tradición les tenían reservados; impulsor de la llegada de la luz eléctrica y de hábitos higiénicos, o inspirador de modificaciones arquitectónicas de las humildes casas de los pueblos para favorecer la higiene y el decoro. Su esmerada atención a sus enfermos, su carácter afable y personalidad arrolladora, su polifacética actividad, su solidaridad con los más pobres y su sentido humano lo convirtieron en una persona omnipresente y admirada por la mayoría de los fornelos, incluso por algunos guardias acuartelados en la zona, lo que explica la profunda conmoción y tristeza que produjo su asesinato.

 Su decidida disposición a no dejarse someter y a mantener viva la antorcha de la libertad, en conflicto con el poder que quería someterlo, en aquellos tiempos de represión, le granjeó la enemistad de los más intransigentes defensores del régimen, que veían en Lodario un ejemplo peligroso de ejercicio de la libertad, pues, como dice un informe sobre él, “extendía la desafección y la apatía con el régimen”. Tampoco le personaron que ayudasen a los fugaos que necesitaban de él cuando caían enfermos. Consciente del peligro que corría, “Lodario Gavela, como los héroes en los tiempos difíciles, no abdicó nunca de sus principios y antepuso su ética profesional y su defensa de la dignidad humana a sus intereses personales, lo cual lo convierte en un ejemplo de altura ética para estos tiempos torvos”, señala el autor del texto. Y fue su sentido ético y su defensa de la libertad la causa de que lo mataran aquella tarde del 24 de septiembre de mil novecientos cuarenta y siete, cuando se dirigía al encuentro de su madre y de su esposa, embarazada de siete meses.  El autor nos cuenta que con materiales sacados de la Historia, la Memoria y la imaginación,  recrea la trayectoria vital de este médico y, a través de ella, de una parte de la historia de España a lo largo de tres momentos muy intensos de la misma y en los tres espacios en los que transcurrió su corta vida.

 

Por: Maikel Valdés.