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José Manuel Tamargo Menéndez, de Casa Rosa, Premio Empresarial Gorfolí a la empresa singular por su antigüedad 2018

Una saga familiar dedicada al comercio en Llanera desde el siglo XIX

Publicado el 19/04/2018
El tapin José Manuel Tamargo Menéndez, de Casa Rosa, Premio Empresarial Gorfolí a la empresa singular por su antigüedad 2018

El negocio llanerenseCasa Rosa, en la persona de José Manuel Tamargo Menéndez, ha sido reconocido con el Premio Empresarial Gorfolí a la empresa singular por su antigüedad que entrega este diario "El Tapín de Llanera", en su quinta edición. Se pone en valor de esta forma toda una vida, la de José Manuel y sus antepasados, ahora también sus descendientes, dedicada al comercio, la singularidad de su negocio y el hecho de ser uno de los de más antigüedad en el concejo pues hay que remontarse al siglo XIX, sin descuidar su adaptación a los tiempos que corren.

Con motivo de esta designación entrevistamos a José Manuel que se muestra satisfecho y feliz,  pero también modesto por lo que pasa rápido por el tema. Nos recibe en un despacho que tiene ubicado en la segunda planta de su negocio, justo debajo de la casa familiar. Es como entrar en un gigante baúl de recuerdos. Allí hay de todo, grandes estanterías clasificadas al detalle con pequeñas y claras notas manuscritas, cajas de farias que a buen seguro almacenan de todo menos puros, ediciones antiguas deEl Diario de España en Tánger, y del ABC, los XII tomos de una conocida enciclopedia de finales de los 70, un ejemplar de nuestra Carta Magna, fotos de sus padres, recibos actuales manuscritos y como no, productos propios de una ferretería. Charlar con él se es como abrir un libro de historia del concejo de Llanera y también del limítrofe Las Regueras, del que procede su padre. Puede hacer un repaso de los acontecimientos más significativos, a la par que muchas anécdotas, no solo de estos últimos 85 años que a él le tocó vivir sino que se remonta a finales del siglo XIX cuando nace el negocio Casa Rosa, emblemático local situado en un lugar estratégico de Posada, cruce de caminos y obligado lugar de paso, algo que probablemente los fundadores Manuel González Espina y Ramona González Ablanedo no habían previsto... o sí.

Corría el año 1867 cuando los bisabuelos Manuel y Ramona compraron el solar. "Tenían dinero para esta compra pero no para edificar, por eso el negocio no empezó a funcionar hasta 1876 como tienda de tejidos, al menos de esta fecha datan las primeras facturas de las que tenemos constancia, entre tanto estuvieron al frente de otro establecimiento en Villabona".

Su hija Rosalía se hizo cargo de la misma junto a su marido Maximiliano en 1894. Enviudó joven y aunque el nombre comercial era "Viuda de Maximiliano Menéndez"popularmente se comenzó a decir aquello de voy a comprar a Casa Rosa. La abuela Rosa debió de ser todo un personaje, su nieto la describe como una católica ferviente que ayudaba a todos hasta el punto que uno de sus empleados (Aurelio) la avisaba de los riesgos que corría el negocio si ella continuaba con su labor altruista. "Su respuesta era: Dios proveerá. Sin tener preparación, tenía autoridad, era muy respetada y querida, la llamaban Dª Rosa". Fue candidata por la derecha en los años 30 a alcaldesa en Llanera "se lo pidieron con insistencia y ella no supo decir que no". Al final la venció Agustín González de izquierdas, pero la relación entre los contrincantes nunca se vio perjudicada. "Durante la guerra Agustín velaba por mi abuela, que no le pase nada a esa señora decía. Ella después del conflicto bélico quiso llevarle una manta al calabozo".

Los padres de nuestro protagonista toman las riendas en 1946. Cuando Rosa comienza a dar muestras de flaqueza llama a su hija Pacita, casada con Manuel Tamargode Ania, Las Regueras, municipio donde vivían, para que se fuera a Posada "les ofreció la casa y el comercio". De esta forma tres generaciones de mujeres regentaron el establecimientohasta la llegada de José Manuel en 1980, quien por entonces ya había contraído nupcias con Ana Mª. El, que había estudiado siempre en el colegio Auseva, quería ser abogado pero la insistencia de su padre para que fuera posible la continuidad de Casa Rosa  y el hecho de que sus dos hermanos, médicos notables, tuvieran por delante un futuro prometedor con el que era difícil competir le llevó a decidirse finalmente por ser comerciante. Se jubiló en 1999 dejando a su vez asegurado el relevo en sus dos hijos, "no quiero entrometerme en el negocio ahora es de ellos dos que forman una sociedad limitada, pero claro es imposible mantenerse al margen porque mi casa está encima de la tienda y la concesión del estanco sigue a mi nombre". Esto lo dice un hombre que estuvo más de 40 años sin cogerse unas vacaciones, por lo que a quien escribe le suena a excusa, no es fácil que un trabajador nato como él suelte totalmente las amarras mientras haya  cabeza y fuerza física.

La evolución de Casa Rosa, hoy ferretería y estanco, ha sido grande. La inicial expendeduría de tejidos tuvo que adaptarse a la llegada a Posada de un matrimonio formado por un sastre cubano y una costurera que pusieron con notable éxito la primera tienda con escaparate (La Tienda Nueva, Jesús García, la sastrería). La concesión para ser expendeduría de tabaco data de 1900, "en Llanera llegaron a coexistir 18 estancos, ahora solo hay 4", fue deposito de cerveza El Aguila Negra, tuvo la representación de máquinas de coserSigma, vendieron cereales y piensos, tripas saladas para embutidos, "los barriles de tripa para morcilla llegaban en barcos procedentes de Argentina", ultramarinos finos, vinos y licores como el brandy Tres Cepas de Domecq "vendíamos 100 l. de vino al día en los años 50, llegaba en un vagón exclusivo para la casa desde Manzanares", pinturas, vidrios y hasta gasolina. "Un militar y dictador Primo de Rivera nos dio la concesión para la venta del combustible en 1928, otro militar y dictador  Franco nos la quitó en 1960". En 1932 ya tenían furgonetas para hacer el reparto por la zona.

Con José Manuel la tienda fue mixta "vendíamos de todo, yo procuré darle la dirección de un negocio moderno, había que adaptarse al marketing, la mercancía tenía que estar a la vista y al alcance de la mano. Tuve un autoservicio con 2 cajeras, en la sección de carnicería, y aprovecho para decir que tuve los dos mejores carniceros de Asturias, un matrimonio de Avilés, llegamos a dar salida a 200.000 pesetas de carne en días concretos como Noche Buena, incluso facturamos en una Navidad 999.999 pesetas. Otro estupendo matrimonio de Grao se hizo cargo de la frutería."

"Casa Rosa no había sido, ni es lo que es, sino contáramos con unos empleados de primera, gente buena y honrada, de fiar, auténticos colaboradores. Llegamos a contar con 8, ahora hay 2 que atienden el negocio con mis 2 hijos.  Quiero tener para todos ellos una mención especial, y un gran recuerdo para D. Aurelio que entró a formar de esta casa con mi abuela, trabajó a las órdenes de mi padre y se jubiló conmigo... fue realmente uno más de la familia. También mi agradecimiento a la clientela, que por cierto ha cambiado mucho. Mis hijos lo tienen complicado, las grandes superficies que tenemos tan cerca arrebatan compradores, tienen que dedicarse en cuerpo  y alma al negocio y hacer algo distinto a los demás. Estoy satisfecho con su trabajo (a ellos no se lo digo que igual quieren un aumento de sueldo bromea) han conseguido que esta sea una de las primeras ferreterías de Asturias en estar informatizada.

De momento la persistencia del negocio familiar está asegurado con los hijos, hay una nieta (la más guapa de España dice su abuelo) que quien sabe... "No quisiera que Casa Rosa cierre por falta de continuidad en la familia, eso no, otra cosa es que a mis hijos o a mi nieta no les guste ser comerciantes y eso lo puedo entender".