Carta al director.La Investidura de la Cronista de Les Regueres

Publicado el 15/06/2015

Aunque la prensa ha recogido la noticia del nombramiento de Rosa Rodríguez como Cronista Oficial de Les Regueres, con más o menos extensión y detalles, yo –consciente de haber vivido un momento histórico- quisiera publicitar mis impresiones personales en estas páginas de El Tapín de Llanera.

Un  protocolo simple pero preciso, permitió que en la Casa de todos se desarrollara un acto tan histórico como sencillo, muy emotivo, casi familiar. El salón de Plenos del Ayuntamiento de Les Regueres estaba repleto de familia, amigos, cronistas oficiales y políticos locales; de éstos, consecuencia del calendario, unos en funciones y otros in pectore.  Además de los fotógrafos de prensa, otros  aficionados aparte de ser testigos del acontecimiento, querían recoger de manera particular algún semeyu significativo. Se trataba de investir a Rosa Rodríguez, Rosa la de La Piedriquina, como cronista oficial del Municipio reguerano; como la primera cronista que tiene Les Regueres. 

El acontecimiento tenía, tuvo y tiene su enjundia, pues tal como puso de manifiesto algún orador, Les Regueres entraba así a formar parte de  esa minoría de Concejos que cuentan con cronista oficialmente reconocido, dándose la feliz circunstancia de que se otorgaba tal cualidad  a quien lleva largos años publicitando las bondades del terruñu, del patrimonio que allí se atesora  y de la historia, grande y pequeña, tejida por sus moradores permanentes y pasajeros. Esta tarea que, gracias a las Revistas y Anuarios de La Piedriquina cuenta desde siempre con el  reconocimiento popular generalizado dentro y fuera de los límites municipales, desde ahora, también tiene el refrendo formal, solemne de las Autoridades Municipales.

Ese protocolo al que antes me refería, observador de la hoy día tan impuesta paridad de sexos en la presidencia y cuya batuta humanizó con su habitual destreza María Asunción Arias, enmarcaba una intervención políticamente aséptica pero cualitativamente acertada y cercana de la Alcaldesa María Isabel Méndez; la necesariamente administrativa, plagada de referencias a articulados, reglamentos, considerandos y resoluciones  del secretario municipal Señor Crespo; la loa que el Señor Mijares, orgulloso con la insignia de La Piedriquina en su solapa, hizo de los méritos que concurrían en la Protagonista fue corta aunque  contundente, quizá abreviada por eso de administrar los tiempos; y la plática final,  relajada, didáctica, incluso reivindicativa, solemne retórica en el más amplio y puro sentido aristotélico del término, con la que  Celso Peyroux  dio la acogida en el Colegio de cronistas oficiales a Rosa Rodríguez.

Y no me olvido de la aportación de Rosa, que una vez más, confirmando sus habilidades como investigadora, historiadora, ensayista, narradora, divulgadora… nos  dio una lección de Historia enmarcada en lo local, impartida con ese lenguaje tan suyo que desmenuza conceptos muy bien asimilados e hilvana detalles documentados con celo,  resultando una palabra sencilla, correcta y eficaz, que a la par que instruye, deleita, persuade, e incluso conmueve, afianzándonos en valores histórico-culturales comunes, universales.

Quienes en su momento tuvieron esta buena idea, hoy ya en feliz puerto, deben sentirse satisfechos. Yo, ajeno al día a día de la política municipal de aquéllos lares, quise percibir  ausencia de connotaciones partidistas en el ceremonial de investidura con una presencia Institucional tan manifiesta y necesaria como discreta; por otro lado, la concurrencia al acto de todos los grupos políticos locales demostró el respaldo generalizado a la nueva Cronista, resaltando así la importancia que el acto en sí tenía, resaltando el halo cultural que debe adornarlo.

El posterior vino español con el que la nueva relatora nos obsequió, fue una manifestación más de convivencia desenfadada y entrañable, digno colofón lúdico de la solemne investidura. 

El que Rosa acierte y brille en su nueva función, más que un deseo –que, por supuesto, también lo es - es la confianza de saber que sus crónicas serán aportaciones singulares que pondrán en valor los hechos y circunstancias locales que enriquecen el acervo común y por ende universal. Me confieso ansioso por leerlas a la par que curioso por ver  como impregna este cometido oficial con su personal estilo.

Chema Martínez