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Ramón Rodríguez Álvarez , Llanerense del Año, toma posesión de su cargo como director del Real Instituto de Estudios Asturianos.

En primer lugar quiso agradecer su confianza a los miembros de número que le votaron pues “sentirme apoyado por ellos es el mayor acicate para encarar este segundo y definitivo mandato, que afronto con la misma ilusión que me ha acompañado en estos cinco años”.

Publicado el 18/05/2018
El tapin Ramón Rodríguez Álvarez , Llanerense del Año, toma posesión de su cargo como director del Real Instituto de Estudios Asturianos.

El reelegido director hizo un repaso de los logros de la Institución en los últimos cinco años y expresó su confianza en la llegada de un tiempo en el que “se reconozca la labor del RIDEA, se haga justicia con nuestra Institución y se nos concedan los presupuestos necesarios para salir del terrible estado de postración económica en que nos encontramos”.

“Ilmo. Sr. Consejero de Educación y Cultura del Gobierno del Principado y Presidente de este Real Instituto de Estudios Asturianos, Señores miembros de esta Corporación, Autoridades, Señoras y Señores…”, así comenzó su discurso Ramón Rodríguez Álvarez (Tuernes el Pequeño, San Cucao de Llanera, 1950) el pasado 17 de mayo en la toma de posesión de su cargo como director del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), tras su reelección, en la que contó con 26 votos favorables entre los 27 miembros de número que votaron. La duración del cargo será de cinco años, siendo este su último mandato, ya que la ley no permite más de una reelección.

En primer lugar quiso agradecer su confianza a los miembros de número que le votaron pues “sentirme apoyado por ellos es el mayor acicate para encarar este segundo y definitivo mandato, que afronto con la misma ilusión que me ha acompañado en estos cinco años”.

A continuación hizo un repaso del cumplimiento de los proyectos de su programa, sobre el que manifestó “un sentimiento agridulce” ya que “algunas ideas se han hecho realidad, otras sólo a medias y no pocas deberán esperar ocasión más propicia para hacerse efectivas”.

Entre los logros destacó el hecho de que “el Instituto sea más apreciado por la sociedad asturiana” y refirió su intención de que el RIDEA sea “un foro libre, sin adherencias ideológicas de ningún tipo, en el que todos podamos ver la casa común de la cultura del país”. A esta estima creciente de los asturianos considera que ha contribuido el cuidado puesto en “las actividades organizadas en estos años, combinando ciclos de conferencias y mesas redondas relativas al pasado histórico de nuestra tierra y asuntos de actualidad que preocupan a todos los asturianos” y la difusión de su trabajo mediante “la presencia del RIDEA en distintos puntos de nuestra región” ya que “nunca se habían organizado tantas actividades fuera de esta sede ovetense como en estos últimos años”, en los que “hemos visitado más de veinte concejos asturianos”, y aquí quiso Ramón Rodríguez manifestar su gratitud tanto a las autoridades locales como a los “especialistas que acudieron a nuestra llamada…sin recibir más que nuestro agradecimiento”, ya que el exiguo presupuesto no permitía ninguna remuneración económica. También han reforzado o iniciado otras actividades como “conciertos, salidas de campo o visitas a nuestra sede para conocer sus tesoros bibliográficos, documentales o artísticos”. Otra muestra de fortaleza del Instituto la constituyen sus publicaciones como “nuestros dos Boletines, el de Letras y el de Ciencias” que junto con los Cuadernos del RIDEA “tratan de suplir una carencia notable en el campo de la cultura popular”, al recoger testimonios de la “Asturias ancestral” antes de que desaparezcan definitivamente. Manifestó su satisfacción porque “crecen sin cesar nuestras colecciones en el campo de las monografías”, como las prestigiosas “Fuentes y estudios de historia de Asturias” y “Asturias concejo a concejo”, que tiene intención de aumentar con una serie que abarque “todos los campos de nuestra querida Asturias: la etnografía, la filología, la literatura, la naturaleza, la gastronomía…” y han dado “los primeros pasos para proceder a la edición digital “en la que jugará un papel decisivo la página web que tienen desde hace ya tres años y que es “la ventana al mundo de nuestra institución” y un logro del que expresó sentirse orgulloso.

Toda esta actividad editorial, y aquí empiezan las dificultades, motiva su incomprensión ante el hecho de que el RIDEA reciba “la negativa de nuestra Administración regional a dotar al Instituto de una plaza de filólogo que se haga responsable de la tarea de corregir y armonizar textos, de dotarlos de la uniformidad requerida y de normalizarlos”, por lo que pidió que “nos sea concedida esa plaza para velar por la calidad de nuestras publicaciones”. También hizo especial hincapié en su deseo de “poder transmitir a la sociedad asturiana la importancia que la labor del Instituto tiene para Asturias”, labor para la que necesitan “contar con patrocinadores privados que hagan posible desarrollar proyectos de investigación, nuevas colecciones editoriales y otras iniciativas que el Instituto debe acometer en los próximos años”, a la vez que mostró su gratitud a “las empresas y entidades que ya nos apoyan con sus aportaciones” y refirió su intención de “hacer una prioridad de este segundo mandato la consecución de nuevos patrocinios”. Y quiso dejar para el final “dos hechos que afectan gravemente la vida del RIDEA”. El primero es la necesidad de que se apruebe, por la Junta General del Principado, un nuevo marco legal para regir la Institución y quiso llamar la atención de los presentes sobre la necesidad de que “el número de miembros numerarios permanentes elegidos por votación pase de veintinueve a cincuenta, pues de esta manera podríamos contar con representantes de muchas disciplinas que ahora no están representadas en el Instituto, así como rescatar a miembros eméritos que continúan realizando aportaciones relevantes a los estudios asturianos”, manifestando su consideración de este punto como “fundamental para el presente y el futuro del RIDEA”, ya que así tendría el Instituto “enormes posibilidades de abordar numerosos temas que interesan sobremanera a la sociedad regional”. El segundo hecho fundamental para la vida del Instituto es la necesidad de solucionar la situación económica, que “ha llegado a límites insostenibles”, ya que “en los últimos dos años el presupuesto total se ha visto recortado en un 25 por ciento”, lo cual “nos deja prácticamente sin capacidad de acción en muchas de nuestras actividades, señaladamente en el campo de las publicaciones”, a lo que se une “la dificultad de gestionar una oficina presupuestaria cada vez más compleja por personal no especializado”. En este sentido, agradeció al consejero la habilitación, para 2017 y 2018, de “sendos créditos extraordinarios de 40.000 euros” lo que “ha paliado en parte muy importante el recorte, al permitirnos superar el techo de gastos fijado por el Gobierno del Principado”, aunque “dudo mucho que en 2019 podamos recurrir de nuevo a esta estrategia”.

Se preguntaba Ramón Rodríguez si los poderes públicos “no quieren o no pueden ver lo que el RIDEA puede aportar a la cultura del país”, o imaginarse “cuánto bien se derivaría para nuestra dolorida Asturias si contasen con el Instituto como organismo consultivo y asesor de muchas de las políticas culturales que desarrollan los poderes públicos”, aunque “me consta que el Señor Consejero, felizmente, no se halla entre ellos”, por lo que le solicitó que “reflexione sobre estas cuestiones antes de determinar la transferencia que va a corresponder al Instituto en 2019”. A este respecto expresó su convencimiento de que “demostraremos con hechos nuestra importante contribución a la cultura asturiana y convenceremos a los que critican al Instituto, más por ignorancia que por mala fe”, por lo que manifestó su confianza en la llegada de un tiempo en el que “se reconozca la labor del Real Instituto de Estudios Asturianos, se haga justicia con nuestra institución y se nos concedan los presupuestos necesarios para salir del terrible estado de postración económica en que nos encontramos”.

No quiso Ramón Rodríguez terminar su discurso sin “tener un especial recuerdo para todos los que me precedieron en el cargo de director” y especialmente señaló a “José Luis Pérez de Castro y Juan Ignacio Ruiz de la Peña”, a los que “rindo un homenaje de admiración en el día en que tomo posesión del mismo cargo que ellos desempeñaron con tanto afecto como rigor”, manifestando asimismo su intención de continuar “la estela que ellos marcaron”.