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La Mención Gorfolí se entregó en un emotivo acto donde el cariño estuvo presente desde el inicio

Publicado el 23/05/2018
El tapin La Mención Gorfolí se entregó en un emotivo acto donde el cariño estuvo presente desde el inicioJosé Manuel Tamargo junto a su familia

El periódico El Tapín entregó el pasado sábado 28 de abril la V Mención Gorfolí  a Luis Ángel González Granda y los primeros premios empresariales con el mismo nombre- El el primero de ellos a la empresa singular por su antigüedad en Llanera para Casa Rosa, otro a la innovación empresarial para Sacyr Flúor y el último dedicado al campo para el matrimonio formado por Santiago Pérez y Longina García. El acto de entrega se desarrolló en el Hotel Silvota.

Luis Ángel González Granda

La Mención Gorfolí 2018 recayó este año en el vecino de San Cucao, Luis Ángel González Granda, la entrega del galardón la realizó el director del periódico El Tapín, Roberto Álvarez. La persona encargada de presentar al homenajeado fue su amigo, Javier Cortes, ya que él junto con Pilar Cristina Menéndez fueron las personas que propusieron a González para llevarse el galardón. “Con este premio para muchos de sus amigos supone cerrar una deuda que teníamos contraída con él y es agradecerle por quien es, porque le dejamos un poco de lado, no fuimos a verle y los amigos hay que cuidarlos y esto permite que ese cuidado haya saltado 20 años”, destacó.

Cortes recordó que el homenajeado, Granda como todos le conocen, nació el 5 de septiembre de 1957 en la “República Independiente” del Piqueru (San Cucao) como reconoce el mismo. Es hijo de Arturo y Mari Paz, matrimonio con origen en Las Regueras y Baúro, es el último de cuatro hermanos: Carmina, José Manuel y Marcelino. Cuando Luis contaba con 19 años se fue Mari Paz y con 26 su padre, dos momentos claves que le marcaron de por vida. A escasos 200 metros de la vivienda familiar se encuentra la Escuela pública de San Cucao a la que acudió a las clases de Don Domingo y Don José, para más tarde seguir los estudios en la Academia San José y el Instituto de Lugones, como alumno destacó en matemáticas y en todo lo relacionado con las manualidades.

Nada más terminar en el instituto le dio prioridad al trabajo, dejando a apartada su formación que de haberse dado las condiciones favorables hubiera acabado sus estudios de Magisterio, un intento que no fructificó tras matricularse en la universidad y superar las pruebas de acceso para mayores de 25 años, aunque si que dio clases particulares.

Entró como empleado en la empresa Eulen, donde estuvo varios años, hasta que decidió montar su propia empresa fundando Limpiezas Granda y entre más ocupaciones consiguió el contrato de mantenimiento de cristales y jardinería del Restaurante La Campana.

A los 26 años decidió involucrarse en la organización de la Fiestona de San Cucao y convenció a un grupo de jóvenes para formar la sociedad de festejos Nuestra Señora del Carmen, que funcionó a la perfección. Con esta iniciativa se celebró el evento durante tres años en el prado de la Pepa y se completaba con la exposición de ganado.

Fue a los 42 años cuando sufrió un derrame cerebral que le llevó a estar ingresado en la UVI y tras el mismos sufrió secuelas que disminuyeron su movilidad, muchas horas de rehabilitación le permitieron volver a caminar y a valerse por su mismo, realizar las tareas de la vivienda y a desarrollar con gusto excelente lo que siempre se le había dado bien los trabajos con las manos.

Cortes destacó que la ayuda de la familia fue y es importante, pero sobre todo por su ejemplo de superación personal, están convencidos de que escasas son las personas que pueden superar los retos que él ha pasado, “su fuerte carácter independiente sale a relucir para vencer a la dejadez y a la autocompasión. Su interés por lo que le rodea se ha acentuado y te recibe con una sonrisa que no se le va durante toda la charla que comparta contigo. Le podéis encontrar durante todo el año realizando el trayecto que separa El Piqueru y Posada, unos 2,5 kilómetros para ir y volver, sabe que ese circuito es tan necesario para él como para cualquiera ir al centro de trabajo. Él ha sido el responsable de la urbanización de la senda de El Merón”, afirmó.

Su sobrina nieta y ahijada, Desiré, también quiso dedicarle unas palabras muy emotivas a Luis y aseguró que la noticia supuso una gran alegría para la familia y una gran sorpresa en especial para el homenajeado. “Nos gustaría dar las gracias a Cristina y a Cortes por haber pensado en él y haber redactado una carta de presentación tan emotiva y con tanto detalle. Del mismo modo debemos agradecer a la organización del periódico El Tapín la dedicación que ha tenido para la preparación del evento. A titulo personal sepan que me enorgullece enormemente este reconocimiento, la Mención Gorfolí, porque curiosamente lago que nunca falta en nuestra casa es un ejemplar del periódico El Tapín, que cada mes se encarga Luis de llevarlo a nuestra casa cada quincena”, explicó.

José Manuel Tamargo Menéndez “Casa Rosa”

El premio a la empresa singular por su antigüedad en Llanera recayó en Casa Rosa y en la persona de José Manuel Tamargo, el encargado de entregarle el galardón fue su hermano el Doctor Juan Tamargo, que también fue la persona que le dedicó unas palabras. “Para mí este acto tiene un significado especial y entrañable porque se le entrega el premio a mí casa en la persona de José Manuel Tamargo mi hermano. Mi narración no va a ser imparcial porque tengo que hablar de mi casa, mi familia y mi vida, es decir de mis raíces”, afirmó.

Tamargo decidió comenzar su relató hablando de la Casa Rosa que el recuerda de cuando tenía 5 o 6 años, recuerda que era una tienda muy compleja en la que se vendía de todo y cuando él la recorría se le antojaba como un universo entero. Tenían una tienda de ultramarinos, una ferretería, un estanco, un almacén con muebles, colchones y grifería, otro almacén de pinturas y aceites, otro de sal piensos y forrajes, una gasolinera y por último un depósito de cervezas y refrescos.

“El surtidor de gasolina obligaba a mis hermanos, José Manuel y Tomás, a tener que estar pegados a él los sábados y domingos, aunque trabajo no tenían mucho porque en Posada sólo había un coche”, recordó. En los años 50 su hermano Tomás se fue a Valladolid a estudiar medicina y José Manuel comenzó a trabajar con su padre en la tienda, “cuando hacía la mili en Gijón, volvía los fines de semana trasladándose desde Lugo a Posada en bicicleta, yo tenía 7 años y me colocaba donde el Bar Colón y el antiguo Ayuntamiento para ver en el cambio de rasante su figura montada en bicicleta, porque sabia que iba a tener una alegría. Mi hermano tras saludar a mis padres me entregaba una historieta que siempre traía en el bolso y después me invitaba a una gaseosa y a berberechos en el Bar Colón, que me sabían a gloria”, recordó.

Tamargo comentó que a finales de los años 60 y principios de los 70 se dieron los primeros cambios en el establecimiento, como fueron la llegada de los electrodomésticos que ellos no pusieron a la venta, porque sólo había uno en Posada. Llegó el reparto de mercancía con la primera DKV, que les permitió jubilar el carro con caballos. Con la llegada de los supermercados en esos años, las tiendas tuvieron que especializarse y Casa Rosa tuvo que competir con otros muchos comercios, tuvo que especializarse y dejar varias actividades valorando el mercado de aquella época y el del futuro.

“José Manuel puedes sentirte orgulloso de tu labor al frente de Casa Rosa, de como has sorteado las dificultades y visto ahora con la perspectiva del tiempo se puede decir que has acertado en la mayoría de tus decisiones. Me ha encantado leer en El Tapín las palabras que has dedicado a todas las personas que han trabajado contigo detrás del mostrador de Casa Rosa. También para la clientela que ha confiado en el establecimiento”, afirmó.

Juan aseguró que su hermano es su padrino y el de su hija, María, “José Manuel es un hombre bueno, leal, honrado, trabajador, constante, con una férreas convicciones éticas y morales que le han guiado toda su vida, es un excelente conversador, no sólo ameno sino muy divertido, aunque no lo sabe, Mi hermano es un baile de recuerdos que va esfoyazando como si trenzara las panoyas de maíz, pues tiene una memoria prodigiosa. Cuenta con la ventaja de su edad que le ha permitido ver como cambia el entorno, desde la postguerra hasta la actualidad y de haber recorrido con un carro y un caballo las once parroquias de Llanera semanalmente. Tuvo un excelente maestro, nuestro padre, al que recuerdo que los paisanos venían a visitar porque Manolo daba buenos consejos”, comentó.

Pero todo este camino no lo hizo sólo sino en compañía de su esposa Ana, ahora el futuro de Casa Rosa deja de estar en sus manos para pasar a las de sus hijos, Juan y José, que representan la quinta generación de su saga. Les queda el reto de perpetuar el establecimiento en un mundo cada vez más competitivo, pero sabe que lo conseguirán porque si algo sabe hacer su familia es trabajar y luchar.

José Manuel Tamargo intervino en el evento en el acto muy emocionado y dando las gracias al Tapín por el reconocimiento y sobre todo a las tres generaciones que les precedieron, la primera la de los bisabuelos fundadores, Manuel González Espina y Ramona González Ablanedo, vecinos de Llanera, los segundos fueron los abuelos, Maximiliano y Rosalía González, que fueron rebautizados por los vecinos y los amigos como “Emilio” y “Rosa” y en último lugar sus padres, que después de la postguerra reiniciaron el comercio.

José Manuel quiso destacar la figura de su abuela Rosa, de la que aseguró que supo vencer con tesón y fortaleza las dificultades que la vida le presentaron, era una persona de firmen creencias religiosas que nunca se vino abajo y plantó cara a una situación familiar y profesional. Se quedó viuda a los 29 años y siguió adelante, en 1900 Casa Rosa contaba con el estanco número 1 de Rondiella, en 1920 el depósito del Águila Negra y en 1928 la estación de gasolina. Tamargo comentó que en esta casa comercio nació el emigrante a Cuba, Prudencio González Ablanedo, hermano de su abuela, que como premio a sus desvelos y trabajos por los llanerenses se le concedió la primera calle.

Destacó la decisión de sus padres al aceptar la oferta que su abuela les hizo, que fue la continuidad del comercio que considera que fue un acierto por ambas partes. Fue en 1960 cuando José Manuel se quedó al frente de la tierra, porque sus padres cambiaron su residencia a Oviedo. En 1963 se casó con Ana María y 1966 inició una serie de reformas que concluyeron en 1968. En 1980 se hizo cargo del negocio y emprendió nuevas obras y reformas para adaptarlo al autoservicio y tuvo la suerte de contar con un gran maestro conocedor del paisaje y paisanaje, inteligente, gran administrador que tenía todo lo necesario para triunfar que era su padre.

En 1998 se jubiló y dio paso, “hasta esa época hice todo lo que sabía y podía para mantener el negocio en un nivel aceptable. Desde entonces los hijos José Manuel y Juan Luis se hicieron cargo de Casa Rosa, en el mismo local atienden el estanco. Después de tantos años en el comercio puedo decir que ya nada es igual, ni siquiera parecido.  En la vida se hace imprescindible el conocimiento de las nuevas tecnologías para atender de forma ágil los nuevos gustos y productos que la sociedad demanda. El nuevo comerciante y el antiguo tendrán que conjugar adaptabilidad, con eficacia y eficiencia, además de aplicar talento, tecnología y trabajo”, apuntó.

Santiago Pérez Pérez y Longina García Martínez

El matrimonio de Pruvia formado por Santiago Pérez Pérez y Longina García Martínez recibieron el premio del campo llanerense, por ser los primeros que se dedicaron y apostaron firmemente por la agricultura ecológica. La entrega del galardón la realizó el Director Técnico del Consejo de la Producción Agraria Ecológica del Principado de Asturias (Copae), Carlos Nuño, que fue el encargado de hablar de ellos.

Carlos aseguró que el matrimonio realizó una fuerte difusión y promoción de la agricultura ecológica, ya que llevan en ella antes de que se denominará así de manera oficial, pero hoy en día esta totalmente regulado y reconocida por organismos como la OCU, ONU o la FAO. Cualquier autoridad en materia de seguridad alimentaria, de salud y protección del medio ambiente están diciendo que hay que cambiar el modelo de producción, de distribución y hábitos de consumo.

Nuño aseguró que no existen centros de formación en Asturias sobre agricultora ecológica y eso es reflejo de la situación en la que se encuentra el campo de la región en este momento. “La segunda escuela no oficial que hay en Asturias me atrevería a decir que es la finca de Santiago y Longina. porque la cantidad de chavales que han pasado por ahí y se han ido formando es multitudinaria. Cualquier persona que tenga dudas o quiera saber algo siempre llama al matrimonio para asesorarse y siempre los acogen como si fuera de su casa. No es muy frecuente ver gente tan abierta y acogedora, además es innovador porque por allí siguen pasando técnicos e investigadores del Serida y se sigue investigando en la agricultura. El alcalde creo que recogió un poco las palabras de Santiago de crear una escuela de agricultura ecológica en Llanera y no cayó en saco roto”, apuntó.

El hijo del matrimonio, Valentín Pérez, quiso dedicarles unas palabras a sus padres muy emocionado, explicó que llegaron hace 60 años a Pruvia y Santiago venía cargado con los cachos de un hórreo, las panoyas, cuatro herramientas y con muchas ganas de trabajar. La finca de Pruvia tenía una casa pequeña de piedra, sin baño, pero si mucho trabajo que hacer. Cuando nació Valentín fue cuando se pusieron a construir la casa nueva con sus propias manos y también comenzaron a vender en el Fontal las verduras que sacaban de la tierra.

“Han sido un ejemplo como grandes profesionales, porque se atrevieron a innovar en una época en la que fueron pioneros, siendo la suya la primera granja ecológica de la región y empezábamos a hablar de la alimentación sana. se hicieron vegetarianos- Por allí pasaron cientos y cientos de personas, que vieron interés por dicha innovación y por el modelo agrario que suponía. Siempre fueron un referente y no quieren jubilarse, todavía estudia y aprende sobre la agricultura y da charlas y conferencias, es un polo donde todo el mundo viene a asesorarse y a buscar semillas”, destacó.

Valentín comentó que han sido muy buenos padres, abuelos y bisabuelos siempre cuidan de todos y sacando tiempo para todos, aunque trabajan tantas horas y tiran de toda la familia, siempre tienen tiempo y corazón para todos.

Santiago Pérez afirmó que luchó por la agricultura ecológica porque nació en el campo y cree en ello, piensa que es la agricultura del futuro y es una trabajo rentable y agradable.  “Valoro la salud y creo que el hecho de estar aquí con 84 años significa que algo hay que me sostiene aquí y creo en ella, porque tenemos que intentar hacer todos por una vida más sana y no ser nosotros mismos los que envenenamos lo que vamos a comer. Estamos en el buen camino y ofrezco mi experiencia para todos los jóvenes que lo quieran intentar. Para mi este acto es muy emocionante y quiero dar las gracias a todos por valorar lo que hicimos y podemos aportar”, concluyó.

Sacyr Flúor

El premio empresarial Gorfolí a la innovación fue para la empresa Sacyr Flúor y lo recogió en su nombre el responsable de las Relaciones Comunitarias; Javier Peláez, de manos del alcalde de Llanera, Gerardo Sanz.

El primero en intervenir fue Peláez que quiso dar las gracias al periódico El Tapín por pensar en ellos como una empresa innovadora. Sacyr Flúor es una empresa que lleva 30 años asentada en Llanera, con 50.000 empleados a nivel mundial, realizan labores de construcción y de ingeniería: ayudaron a la construcción del Puente de San Francisco, realizaron la construcción del Canal de Panamá, realizaron minas de oro en Australia, plantas de refinado como la de Repsol y en Asturias diseñaron, realizaron la ingeniería y la construcción de la gasificadora del Musel entre otras cuestiones.

En Llanera cuentan con una oficina de 150 empleados, la mayoría asturianos,  están muy orgullosos de dar valor a la región y de trabajar en ella, además de la innovación tecnológica que emplean para desarrollar toda esa obras de ingeniería, desarrollan una política de relación con la comunidad basada en un modelo americano, donde se da valor al sitio en el que están instalados intentando realizar labores de colaboración con las entidades locales a través del Ayuntamiento facilitando el contacto de las organizaciones que necesitan la ayuda.

El alcalde de Llanera, Gerardo Sanz, comentó que el periódico El Tapín este año ha alcanzado otro logro más con estos galardones con el acto tan emotivo, donde la calidad humana, familiar y profesionales de todos estos galardonados ha posibilitado que surja la emoción y se ponga en valor el paisanaje de Llanera que es tan importante. “Luis tu nos das fuerza a los que somos de San Cucao pa allá para ir a trabajar o cuando venimos cansados, que te encontramos con ese afán de superación en la senda de Posada a San Cucao. A José Manuel esa Casa Rosa ahora que en las redes sociales se crean grupos de “No eres de Llanera si…” y se puede decir que no eres de Llanera si no fuiste a Casa Rosa porque te mando tu abuela ir a por cualquier cosa o si no lo hay allí no lo hay en ningún sitio. Longina y Santiago sois grandes luchadores por la agricultura ecológica y colaboradores del Ayuntamiento, además de un ejemplo a seguir y sobre todo por vuestra alegría y vitalidad”, destacó.

En cuanto a la empresa Sacyr Flúor aseguro que es un orgullo que estén en Llanera que es el municipio del centro del centro de Asturias y motor del desarrollo económico regional, con las 1117 empresas asentadas en el concejo que es un ejemplo por las comunicaciones. Estos premios destinados a empresas es un ejemplo de la importancia que supone para el municipio. Un exponente de esas empresas es Sacyr Flúor que llegó en 1992, que entró en España por Llanera y es un ejemplo de innovación y de desarrollo de calidad humana de los trabajadores, una empresa responsable y con las alianzas que impulsa desde el sector privado con el público sirve para mejorar el tejido y la cohesión.

El último en intervenir fue el director del periódico El Tapín, Roberto Álvarez Suárez, que afirmó que pocas veces se puede entregar un galardón tan merecido como el de Luis Ángel González Granda, por su espíritu de superación y lucha que supone un ejemplo para todos. “Su familia también es merecedora del premio, porque sin ella le hubiera sido mucho más difícil mantener ese espíritu de lucha que demuestra”, aseguró.

Sobre el resto de los premios Roberto explicó que Casa Rosa fue merecedora del mismos por llevar más de 150 años y José Manuel Tamargo es el que representa esa continuidad en el tiempo, que tan difícil es mantener por empresas familiares. Otros de los galardonados fue el matrimonio de Longina y Santiago por su trayectoria en el campo llanerense, pero siempre innovando y adaptándose a los nuevos tiempos con los criterios ecológicos, que en los 80 supuso un gran cambio y fueron los pioneros, además de un gran acierto. Llanera ha ido creciendo y asentándose en ella empresas con el nacimiento de los polígonos y el Parque Tecnológico, como fue el caso de Sacyr Flúor, con referencia mundial, con un potente departamento de I+D+I y sobre todo con voluntad de integrarse con su entorno de un modo respetuoso, con varios programas de colaboración a todos los niveles.