Carta al director.Las Pensiones Públicas

Publicado el 26/06/2015

El Gobernador del Banco de España acudió esta semana al Congreso de los Diputados para afirmar que “el problema demográfico conduce a una reducción inexorable de las pensiones a largo plazo”. Hacía ya algún tiempo que nadie se atrevía meter el dedo en esta herida y parece que convencieron a esta eminencia para intentar dar un poco de credibilidad a esta teoría. El problema es que el Banco de España, desde la entrada en el euro, únicamente tiene una función: controlar la gestión de las entidades bancarias y se ha demostrado que no se enteraba de nada y, además, llegaron a vanagloriarse públicamente de su incompetencia con frases del estilo “con la situación de Bancaja me temo lo peor”, lo que indica sin ningún género de dudas que no tenían ni las más remota idea de lo que estaba pasando ni en Bancaja, ni en Bankia, ni en Nova Caiixa Galicia; es decir, no se estaban enterando de nada. Podemos afirmar, por tanto, que la credibilidad del Banco de España  a todos los niveles es nula.

Pero vayamos al fondo del asunto.

La evolución de la estructura demográfica por edades es la que es y no cabe discutirla.  Para dentro de 20 años, ya disponemos de los datos exactos para saber cuántas personas estarán en capacidad de trabajar y cuántas  tendrán más de 65 años y estos datos únicamente pueden verse alterados por movimientos migratorios relevantes o un cataclismo natural. De manera que este es un asunto despejado y que no ofrece dudas.

Como quiera que, en efecto, dentro de 20 años, la población se habrá envejecido más aún de lo que está, y por tanto el peso de la población jubilada se incrementará en relación a la población activa, algunos teóricos afirman que las pensiones públicas son inviables.

Para entender de qué va esto, quizás sea significativo ver qué ha ocurrido en los últimos años en España. En 1.960 el 40 por 100 de la población activa se dedicaba a la agricultura  y la ganadería y no eran capaces, pese a sus esfuerzos, de producir alimentos suficientes para toda la población, que era de unos 30 millones. Cincuenta años después, únicamente se dedican a la agricultura y la ganadería el 4 por 100 y abastecen de alimentos abundantes a toda la población, unos 45 millones, y además, todavía alcanza para dar de comer a los 60 millones de turistas que nos visitan cada año y por si fuera poco, inundamos Europa de hortalizas, verduras y frutas. Esta profunda transformación fue debida al aumento de la productividad en el campo, gracias a la mecanización, y a la modernización de una potente industria agroalimentaria.

A partir de 1.960 cada vez había menos trabajadores en el campo y la población aumentaba a gran ritmo, de manera que, siguiendo el argumento de estos teóricos, los que vivimos aquella época deberíamos estar aterrados, porque de seguir así moriríamos todos de hambre.

Con las pensiones ocurre lo mismo: la clave no es la demografía, es la productividad y cómo nos organizamos. Tanto es así que los economistas ya han demostrado que creciendo al 1,5 por 100 cada año alcanzaría sobradamente para mantener el nivel de las pensiones actuales, porque un crecimiento continuo, aunque sea pequeño, produce a la larga un gran incremento de la riqueza.

Esto es lo que explica que en 1.960 se destinaba al pago de las pensiones el 3 por 100 del PIB nacional y hoy se ha triplicado, alcanzando el 9 por 100 y el sistema no sólo aguanta sino que la cuantía de la pensión media ha aumentado y sigue haciéndolo.

Pero, además del crecimiento, habrá que ver cómo nos organizamos; es decir, cómo manejamos ese crecimiento. Si se lo quedan unos pocos, es evidente que no alcanzará ni para pensiones ni para nada, pero si se redistribuye con criterios de justicia no existirá problema alguno. Más claro aún: estamos preocupados porque ya hay nueve millones de pensiones y destinamos un 9 por 100 de nuestro PIB. En el escenario más difícil, los economistas ya han calculado que dentro de 20 años, habrá que destinar el 12 por 100 del PIB para pagar pensiones. Saben cuánto dedica Italia a pagar pensiones desde hace ya muchos años, pues el 13 por 100 y su sistema sigue soportándolo, a pesar de que su crecimiento es muy pequeño.

En realidad, todo esto es sobradamente conocido y lo que ocurre realmente es que las entidades bancarias no saben ya cómo convencernos para que de nuestro salario ahorremos un poco  cada mes y lo ingresemos en el banco en planes de pensiones privados, y como ya no se atreven a dar la cara, utilizan a personas o instituciones con prestigio, como en este caso al Banco de España, creyendo que, como es una institución independiente, no está bajo sospecha. Se equivocan, el Banco de España ya no es creíble y las perversas intenciones del poder financiero empiezan a ser cada día mas claras y conocidas. Cada día se conoce mejor que una de las causas principales de estallido de la burbuja financiera fueron las enormes reservas de los fondos de pensiones alemanes. Era tanto el dinero que manejaban que ya no sabían muy bien dónde invertirlo y al final acabaron comprando productos tóxicos en los Estados Unidos o en España y arruinaron su propio sistema bancario, de manera que el llamado rescate a España o Portugal fue en realidad un rescate a Alemania.

Aunque este empeño del poder financiero no acaba de darles frutos, a cada poco siguen intentándolo y no reparan siquiera en que asustan a muchas personas, les generan inquietud y las hacen sufrir.

Sr. Linde, mientras el sistema bancario se hundía, usted miraba para otro lado y ahora pone a disposición del poder financiero lo poco que le queda de dignidad a su cargo, y digo bien: a su cargo, porque a usted no le queda ninguna.

Fdo: Hipólito Peláez Alvarez.