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El porqué de las Crónicas de un Luggón

Tras las huellas de LUCUS ASTURUM II parte domingo 29 de agosto

Publicado el 26/07/2018
El tapin El porqué de las Crónicas de un Luggón

El porqué de las Crónicas de un Luggón

Como curiosidad, decir que he puesto a esta serie el antetítulo genérico de “Crónicas de un Luggón” porque luggón me considero, al menos a efectos sentimentales. Además, redactaré estos artículos a modo de crónicas en tono personal.

Nací en Lugo de Llanera, de madre (Eloína Pachón) natural de Castañera, con ascendientes hasta el siglo XIV en Lugo, que yo sepa; de padre (Silvino Vicentón), matural de El Resbalón en Lugones, con antepasados muy antiguos en la zona. Es decir, mis raíces se hunden profundamente en el territorio principal de los luggones, cuyo gentilicio singular es luggón.

Los luggones eran celtas galos que migraron al norte ibérico y llegaron 500 años a.C. a Asturias, donde se asentaron entre los ríos Sella (Salia) y Nalón (Nailos).

En la ‘planariam’ (Llanera) habitaron en Lugo (al que dieron su nombre, pues ellos eran los ‘hijos de Lug’, dios-luz, una de las principales divinidades del panteón celta) la pequeña colina, el hoy Cantu San Pedro (Cantu viene del céltico indoeuropeo Kantho), que sobresalía por encima de la ‘Silvam Altam’ (Silvota), el gran bosque sagrado que cubría toda la planicie de robles albares hasta La Morgal (tal vez de Mór-ríoghain, Mórrigan o Mórrigu, diosa celta de la guerra, la muerte y los fantasmas), donde había un ‘nemeton’, claro en el bosque en el donde celebraban sus festividades de culto a Lug.

Todo eso hasta que las tropas romanas de Octavio Augusto sometieron al clan luggón del Kantho (que tendría un nombre, como los de Noega eran los Cilúrnigos) los bajaron al nemeton y los instalaron en una ciudad romana. Así nació Lucus Asturum.

 

por Aladino F. Pachón, periodista