La declaración de independencia del parlamento catalán tiene tanto valor como si el Ayuntamiento de Llanera se declarase independiente; es decir, ninguno.

Elecciones en Cataluña.

Publicado el 20/09/2015

El domingo 27 de este mes se celebran  elecciones autonómicas anticipadas en Cataluña. Convocadas como una especie de plebiscito para decidir sobre la independencia del Estado español,  en realidad tienen el estatus de elecciones autonómicas. Este hecho insólito y la amenaza de que el Estado español se divida han tensionado y enfrentado, hasta extremos jamás vistos en nuestra democracia, a todos los españoles, pero especialmente a los que viven en Cataluña.

 

 Se da por hecho que el domingo será un día histórico en España. Me temo que va ser un domingo en el que no quede nada decidido. Como cualquier elección autonómica tiene por objetivo configurar un gobierno de la mayoría y, dada la relación de fuerzas políticas en contienda, es muy probable que no se logre formar gobierno. Como elecciones plebliscitarias, y aún dando por hecho que los independentistas logren mayoría y el parlamento declare la independencia, este acuerdo no sirve para nada. Ninguna nación ha alcanzado la independencia por el mero hecho de que su parlamento la haya declarado. Para que un país sea independiente lo que cuenta es si es o no reconocido por la comunidad política mundial, que en estos momentos la representa el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La ONU jamás reconocerá la independencia de Cataluña por el simple hecho de que es ilegal, vulnera de forma flagrante la Constitución y en esas condiciones -insisto- no hay riesgo alguno de independencia. Esa probable declaración de independencia del parlamento catalán tiene tanto valor como si el Ayuntamiento de Llanera se declarase independiente; es decir, ninguno.

 

 Este planteamiento tan simple no implica que estas elecciones carezcan de valor. Muy al contrario, aún sin celebrarse ya hemos podido extraer conclusiones muy significativas. La más llamativa  y peligrosa es el enfrentamiento entre los españoles que residen en Cataluña y que amenaza la convivencia cívica y hasta familiar. Pero no deberíamos pasar por alto otras evidencias. Por ejemplo la escasa altura intelectual de nuestros representantes políticos que siguen en su dinámica de partidismo sin darse cuenta siquiera que estamos ante un problema de  tal calibre que afecta a la esencia misma del estado y su supervivencia. El Partido Popular mantiene la misma estrategia de siempre en Cataluña, mezclada ahora con una especie de ensayo para las elecciones generales de diciembre. Estrategia que consiste en que, dado que en Cataluña somos un partido residual, vamos a ver como sacamos provecho de esta situación para ganar votos en el resto de España, aunque sea a costa de enfrentar cada día más a los españoles. El Partido Socialista, que nunca ha controlado el socialismo catalán, pero que ha gobernado gracias a su hegemonía, se encuentra como en fuera de juego y sólo se le ocurre apostar por un concepto tan sospechoso y confuso como “el federalismo asimétrico”, carece ya de discurso y hasta de liderazgo político y va directo de pasar de mayoritario a marginal.

 

 Podemos, en cambio, es fiel a su esencia, marcada por la indefinición y curiosamente puede convertirse en el elemento decisivo. Su idea del derecho de los catalanes a decidir su futuro, y que en eso consiste la democracia, va calando y no sería extraño que se encontrasen en la tesitura de tener que decidir quién va a gobernar Cataluña. Todavía no se han dado cuenta que no, que los catalanes no tienen derecho a decidir su futuro, a lo que tienen derecho es a decidir sobre lo que la ley dice que pueden decidir y sobre su capacidad para decidir la independencia, la ley es muy clara: no es su competencia; ésta corresponde al pueblo español en su conjunto.

 

 Por si fuera poco, ningún político se ha molestado de manera honesta y rigurosa en tratar de explicar esta enajenación en la que están sumidos muchos catalanes. Ha tenido que ser un señor, que ya no se dedica a la política, el que de forma voluntaria y desinteresada hiciese un análisis libre de cualquier seguidismo partidista. El Sr. Borrell ha puesto algunas cosas claras que ahora tratan de aprovechar algunos. Efectivamente, su libro consiste en demostrar que estos líderes independentistas manipulan y mienten a los ciudadanos  y  en ocasiones demuestran una ignorancia de tal calado que asusta. El Sr Mas se ha dedicado a ir por todo el mundo explicando que el estado español no publica las balanzas fiscales como hacen Alemania y EEUU, incluso envió una carta al Parlamento Europeo para que exigiese a España su publicación. Pues bien, lo insólito es que ni Alemania ni EEUU tienen balanzas fiscales, no es ya que no las publiquen, es que no existen.

 

 El Sr Mas intenta convencernos que Cataluña sería viable económicamente si fuese independiente. Pues bien, no es ya que los principales compradores de los productos catalanes  sean los europeos, es que son el resto de las regiones de España. Tanto es así, que Aragón -una región tan pequeña como Asturias- compra más productos catalanes que toda Francia.

 

 Por último el Sr. Mas insiste en que Cataluña -si lograse la independencia- continuaría formando parte de Europa, y se basa en que el Tratado de Lisboa  no contempla la posibilidad de una expulsión. Ya ha quedado claro que la independencia no se logra por el hecho de que el parlamento catalán la declare, pero imaginemos que Cataluña logre la independencia real y efectiva, pues en ese caso, hay una resolución del Consejo de las Regiones que dice con total nitidez que si surge un estado, disgregado de un estado miembro de la UE, quedará de inmediato fuera del euro y de la Unión Europea; si bien, ese nuevo estado podrá solicitar la entrada como cualquier otro y si cumple con los requisitos y el acuerdo unánime de todos los miembros de la UE podría incorporarse.

 

 La televisión pública catalana no permitió al Sr. Borrel presentar su libro, a pesar de que se había comprometido a ello y alegó para cancelar la entrevista que era un “texto político”.

El problema real no termina el día 27; es más, puede que se agrave. ¿Cómo rebajar el clima de tensión entre los catalanes si triunfan los que no desean la independencia? O lo que va a resultar más difícil todavía; ¿Cómo canalizar la frustración de los nacionalistas si ganan las elecciones y a las pocos días se dan cuenta de que no les ha servido de nada?. Son estas las cuestiones que deben preocuparnos y que los políticos y los poderes económicos, sociales y mediáticos deberían ya estar abordando, pero me parece que no es así.  Sospecho que andan en otras cosas.

 

 Ya decía Ortega y Gasset que el asunto catalán no tenía solución y que lo máximo a lo que podía aspirarse es a lo que llamaba “la conllevanza”. Me parece que tenía razón: esto pinta mal.

 

 Fdo. Hipólito Peláez Álvarez.