Lisardo López: vaquero de alzada de Casa Lorito

Publicado el 26/03/2015
El tapin Lisardo López: vaquero de alzada de Casa Lorito

Lisardo López es vecino de Lugo de Llanera, aunque nació en un pueblo cerca de Torrestío (León) donde residía parte del año y la otra mitad la pasaba en la localidad sierense de La Barnaniza. La razón de esto es que fue vaquero de alzada.

 

Lisardo era dueño junto a su familia de la ganadería de Casa Lorito, aunque lo dejó en el año 1964 cuando falleció su padre. Después comenzó a trabajar en Pracesa, la empresa que se ubicaba en Lugo de Llanera. “Siempre tuvimos ganado y todos los años en la primavera, entorno al mes de marzo dependía de la hierba que nos quedará aquí para darles de comer, íbamos a pie con los animales hasta Torrestío. Cuando llegaba la primera nevada, en el mes de noviembre regresábamos a Asturias”, comentó.

 

El último año que dejaron de ir a Torrestío tenían 16 vacas, dos yeguas y un caballo, que iban cargados con los enseres necesarios para pasar los meses de calor allí. “Algún año nos pasó de esperar para volver a Asturias porque el tiempo era bueno, levantarnos a la mañana siguiente y estar nevando. El problema no era ese sino llegar al Puerto Ventana y encontrarnos con un metro y medio de nieve”, recordó.

 

 La familia la formaban los padres y cinco hermanos, cuatro varones y una mujer. “Los primeros años íbamos mi hermana y yo sólo, pero al fallecer mi madre cuando yo tenía 11 años, mi hermana tuvo que quedarse a cuidar del resto de la familia en La Barganiza”, comentó.

 

Lisardo solía realizar el viaje a Torrestío con su padre que le ayudaba a llevar los animales, después regresaba a Siero y casi nunca viajaban acompañado de vecinos, “la razón era que si íbamos dos teníamos que dormir en la tenada por los castañales cuidando de los animales”, aseguró. Cuando llegaban allí sembraban la huerta con trigo, cebada, patatas, guisantes, entre otras cosas.

 

La ruta la cubrían en dos etapas la primera era la salida de La Barganiza a las 5 de la madrugada, pasaban por Santa Olaya por la zona del colegio de Los Robles que se llamaba el Monte de Los Carneros, salían a Pruvia donde la ITV, pasaban por Lugo, San Cucao, Tuernes el Grande, El Escamplero, San Pedro de Nora, Trubia, por la carretera que va a Proaza y en Villanueva solían dormir con el ganado. La segunda etapa pasaba por Caranga  y llegaban hasta el Páramo para pasar el Puerto de día por si había nieve, si la había iban por la carretera. “Antes que no quitaban la nieve en la curva de la Puerca nos metíamos en un caminín que bajaba  e íbamos a la braña de Las Cadenas, donde quedábamos a dormir otra noche. Después subíamos al alto del Negrón y salíamos al Alto de Ventana, pasábamos por la cumbre en la fuente de los pastores y bajábamos para evitar la nieve. Al llegar a la curva del muerto dábamos a un lugar llamado la Venta Porceyo salíamos al cruce que da para Torrebarrio y Torrestío” explicó.

 

Solían tardar tres días sobre todo al principio, aunque en las últimas etapas pasaron a recorrerlo en dos jornadas, sobre todo a la vuelta a La Barganiza, aunque dependía de la nieve. En muchas ocasiones se quedaron a dormir en la casa de sus abuelos en Teverga y al día siguiente dormían en el castañero de Cartuchos antes de llegar a Siero.”Los animales no sufrían mucho porque no se les apuraba. Aunque una vaca se nos murió un año en el Alto Guzmerón y otro año que veníamos tuvimos que dejar una en San Pedro de Nora porque empezó a cojear y la dejamos allí en una casa unos días. Pero lo peor era la nieve y el frio que se pasaba”, resaltó.

 

Los últimos cuatro años las llevábamos en camión y nosotros salíamos un día antes para llegar a la vez que los animales al Páramo, ya que el camión no pasaba por allí había que descargarlo y costaba menos el porte. “Había mucho trabajo en Torrestío para una persona sola, ya que yo me encargaba de la huerta, de los animales que tenía en la cuadra con los xatos y los del monte, que había que catar, Yo era un guaje tenía 13 años”, aseguró.